Carlota Caulfield
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| PALABRAS PRELIMINARES
Mi poética I Tacto (del instante que encuentra la duración de la mano) II Capacidad figurativa de la mano en sus variados movimientos III Trazos imprescindibles, espacios abiertos que inducen ¿a qué? IV Obsesión con palabras VI Arquitectura incompleta que no quiere terminarse VII Poesía hilandera prorratera inevitable DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Carlota Caulfield nació en La Habana, Cuba, bajo el signo de Capricornio. Ha vivido en Dublín, Zürich, New York, San Francisco y New Orleans y Oakland, California. Libros publicados
Antología Es autora de Literary and Cultural Journeys: Selected Letters to Arturo Torres-Ríoseco (Oakland: Center for the Book, 1995) and Web of Memories. Interviews with Five Cuban Women (Eboli Poetry Series, 1997). Premios y distinciones Entre sus premios se encuentran:"Mención de Honor" en el Concurso de Poesía Mairena de Puerto Rico (1983), el Premio Internacional Ultimo Novecento, sección Poetas del Mundo, en Pisa, Italia (1988), "Mención de Honor" en el Premio Plural de la Ciudad de México (1992), "Mención de Honor" en el Premio Internacional Federico García Lorca (España-Estados Unidos,1994), Premio Internacional "Riccardo Marchi-Torre dei Calafuria" (Italia, 1995), y Mención de Honor en el 1997 Latino Literature Prize del Instituto de escritores latinoamericanos de New York. Colaboraciones Sus poemas han sido publicados en numerosas revistas literarias, entre las que se encuentran Haight Ashbury Literary Journal, Michigan Quarterly Review, Poetry San Francisco, Visions, The Texas Review, Barcarola, Licatropía, Nómada, Tercer Milenio, Textos, Chasqui, Linden Lane Magazine y Aleph. Estudios sobre su poesía Jack Foley, Jesús J. Barquet, Alejandro González-Acosta, Marjorie Agosín, Alberto Jiménez Ure, Pietro Civitareale, Renata Giambene, Juana Rosa Pita, Librada Hernández, María Jesús Mayans Natal, Miguel Angel Zapata, Francisco Javier Satué y Peter Bloch, entre otros. Traducciones Ha traducido la poesía de e.e. cummings, Jack Foley, Luigi Minghetti, Cecile Pineda y Catulo. Otras actividades Es la directora de Corner (http://www.cornermag.org) revista dedicada al avant-garde. |
Carlota Caulfield |
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"La mente no es más que un mono loco"
(Proverbio de la India)
Anders Gezelius
pintor sueco del siglo XIII
tituló uno de sus autorretratos
"Mi cara original, antes
de que mis padres nacieran."
La expresión del artista
está siempre comenzando
a formarse en el lienzo.
El cuadro es a cada momento
un nuevo cuadro
y nadie ha podido ver
la misma cara dos veces.
Acabo de ver la obra en Estocolmo,
pero lo que en realidad he visto
ha sido mi cara
dentro de mí
con mi mente de principiante.
De Gezelius se dice que era un ángel.

La mano en el aire
Se extiende la escritura desatada
ante los espejos del cuerpo.
Las imágenes son pródigas
y el chispazo delicado del gozo
se cierran sobre la cintura
mientras se declara disidente.
Con fragmentos se construye el ánfora.
El descenso de la rueda termina.
La luz se hace forja
en su reflejo anónimo.
Cuando llegue el día
en que esté terminada
la forma entrará como aire
y un abrazador torrente
será murmullo.
De Giuseppe Arcimboldo
se ha dicho
que inventaba rompecabezas.
De "Polvo de Angel"

Con mi rueca
No reconozco mi color.
En Alejandría perdí mi sombra
y toda apariencia de ciudad
ha sido belleza de lo inútil.
Todas mis coartadas sólo
sirvieron para estrechar
los lazos con la muerte.
Mi cuerpo encuadernado de lino
y la operación final
de enrollar mis venas.

Jan Vermeer Van Delft desenfoca su pintura
por un temblor de tierra
Le cerraría a esa tarde el deliro del viaje.
Varado en alta sierra quiere el espacio
considerar el umbral del salón desierto.
En los pasajes sin precisa memoria
las letras se dejan saborear.
Las sombras se descifran y los ojos absorben
las figuras de los cuerpos desnudos. Presentir la
caricia que asciende hacia el centro de la cúpula y
la escritura en su respuesta más simple.
Materia que se abre entre la que observa
y el arco de tus cejas. El puente levadizo inventa el cuadro.

Autorretrato en el espejo convexo
En el cuadro hay un niño sonámbulo, pero no se puede
saber si camina o vuela. El movimiento de la retina
no quiere terminar el juego de lo que reposa o se alza.
El hilo de luz crea una transparencia en la mano que hace
ver su anillo. Parmigianino es capaz de refractarse.
En el cuadro hay una niña sonámbula,
pero no se puede saber si camina o vuela.
Convergencias. Fluir desde el riesgo de una mañana
anónima. Los niños entran en la cámara lúcida y se
dan la mano. Un día nos veremos al otro lado del
prisma, abriéndonos caminos en territorios lúdicos.
Habítame en ellos.

Aureo ojo el origen
Dos amantes caminan por un muro húmedo
y aparece frente a ellos una ciudad.
Suave es el animal que abre su mirar,
disuelve su respiración
y se desnuda entre espacios sin límites.
-Te dejaré pacer en mis mejillas,
mientras una gota de agua fresca trae consigo
un olor a este mismo instante.

Dame la mano que voy con argénteo paso
Inquieto caminar de la memoria
que santigua los textos borrados.
Una criatura se inclina
entre la extensión del oído tenaz
y unos labios que triplican la imagen.

Música de órgano oscura y sagrada
l.
La armonía se define
en lengua que dispersa
su fuerza contra un muro
que corre por su mandato
y se humilla ante una boca.
2.
Y el suelo de la mente retiene las semillas
después que el agua
lee la memoria
y la derrama sin súplicas
cuando también es buena.
3.
En la síntesis de todo y su opuesto
hay una mirada,
semilla sagrada
que la mano palpa
para ser herida en ojo ajeno.
De Prohibido asomarse al interior

EN LA ANSIEDAD DE MI OJO,
UNA SÚBITA CESACIÓN DEL TIEMPO
Galileo Galilei, con su telescopio del siglo XVII
se pone a mirar la noche. Todo cambia.
Luz. Ojo humano destellante.
Instrumentos ópticos infinitos.
En 1789, William Herschel
se recrea con un telescopio
de cuarenta pies frente a Urano.
John, hijo de Willi (así lo llaman sus amigos),
juega en negativo y positivo
con fotografías curiosas.
Algún tiempo después, Ansel Adams
imagina paisajes sin memoria.
Antes de que Marcel Duchamp
creara su Etant donnés en 1943,
un metereólogo principiante,
un tal Luke Howard,
se dedica en el siglo XVIII
a mirar el cielo por los ojos de las cerraduras.
-Veo nubes altas e inmensas que se acumulan
y crean castillos mutables.
-Veo finas colas de yeguas.
-Veo pequeñas gotas de agua,
y en el frío de la altura, cristales de hielo, dice.
Trampa visual en una puerta de Cadaqués.
El telescopio existe para dar forma al ojo,
y hay un rayo de luz que acecha tras la puerta.
Lo hermético es el vas bene clausum
para el mirón-voyeur que camina
por un largo pasillo y es puro ojo
y lentas manos para abrir la escena.
Cae el agua y el gas ilumina.
Mise à nu: aguzo el ojo tras una puerta mugrosa
y es una tarde de 1994. Hace calor en Filadelfia
y veo uno de tus ojos: "Ich hörte sagen" (oí decir)
la profecía de las cinco codornices que me soplas dentro del alma.
Para contar mis visiones
de esta noche comencemos
nombrando a Comenius.
Se trata aquí de un peregrino,
también conocido como vagabundo,
caminador y el que pasa.
Se trata aquí de calles y aprendizajes prácticos
en cualquier ciudad del mundo.
Se trata aquí de un escritor del siglo XVII
que se encuentra con algunos astrónomos y astrólogos
en su recorrido por el laberinto del corazón.
Se trata aquí de hombres que conjuran horóscopos
e inventan profecías al observar los cuerpos celestes.
Se trata aquí del señor Ubiquitous
que me guía hasta una terraza.
Se trata aquí de varios astrólogos
lanzando escaleras al cielo,
cazando estrellas y gritando
que el firmamento esta noche
carece de equilibrio, sí,
anomalitas coeli.
Esta noche las estrellas no bailan
a la música de los observadores,
dice el peregrino. Allí está el cometa.
-En mis memorias de infancia
hay estrellas fugaces,
dragones alados y fuegos extraños
en el firmamento, te digo.
Hay ciudades que siembran un poco de locura
en el cerebro de sus habitantes, y todo lo que no ha sido posible
en otros lugares, por extrañas fuerzas ocultas encuentra en ellas terreno propicio.
Hay ciudades que tienen cielos como linternas mágicas.
La Habana, Dublín, Barcelona, Palma de Mallorca, Zürich, Las Cruces,
New Orleans y Praga perforan las pupilas y están habitadas por demonios
siniestros que persiguen a los solitarios.
Rodolfo II se rodea en Praga
de metereólogos y separadores de nubes,
si alguien sabe de quienes se trata.
Voyeurs que como perros cazadores
van detrás de lo que traerá el futuro.
Por eso, Tycho Brahe,
astrólogo de muchos ardides,
puede sobrevivir
con su nariz de hierro y tocar
los techos de las casas enanas
de los alquimistas.
Obligas a tus hombres de pelo largo
(los del Callejón de Oro)
a esperar por mi señal
para las transmutaciones.
Meto el hombro y salgo tatuada.
Destruta, ruinata et devastata
mi espalda da fiero calor,
a quien mucho le plazca,
le dolerá la cabeza.
Cicatriz cuya leña no da el artífice al fuego.
La madreselva es flexible,
y no hay que quemar el esbelto avellano.
Y la que da más fiero calor es la encina,
asegura un anónimo irlandés del siglo XIII.
Y la piel me arde bajo una aguja que crea pura fibra.
Me desintegro en 8' 46'', tiempo justo
para que escuches el "Zigeunerweisen" de Sarasate,
interpretado por la orquesta sinfónica de Pittsburgh,
bajo la dirección de André Previn
y con el violín de Itzhak Perlman.
-Necesito pequeñas gotas de agua,
o en el frío de la altura, cristales de hielo, digo.
Después hablamos con los handrlata,
hombres itinerantes, recogedores de trastos,
de las calles de Praga con sus sacos enormes
sobre los hombros. Maestros en trapos
y en voces chillonas:
"Handrle-handrlevu?", "¿Tiene algo para vender?"
Los viejos de piel arrugada y transparente
como paja se pasean
por la calle Telegraph de Berkeley.
Los seguimos.
El tiempo de la memoria implora sin aliento
que lo salven del envejecimiento,
de ese abismo pegajoso,
que le devuelvan su juventud.
Me miro al espejo y con mano cuarteada
toco el mapa de mis arrugas.
En los últimos cuatro años he envejecido,
me murmuras, mientras de tu boca
sale el alfabeto de mi noche.
Miro por el ojo de una cerradura
y veo cómo tus manos miden
con guita, bramante y compás mi cuerpo.
Lo único que no me gusta de ti es tu pelo.
Las manecillas de nuestro reloj
se mueven hacia atrás.
Un verso de Apollinaire
y otro de Cendrars
son la fórmula para la inmortalidad
de mi cuello.
¿Quién me iba a decir que dormiría por nueve días
en la misma habitación de Kafka en el Graben Hotel de Viena?
Ivan Klima me mira con sus ojillos de cuervo.
Un cielo azul muy claro puede resultar aburrido.
Quiero un cielo con nubes que se confundan,
con locos que rían y oscuridades de tormenta, dices.
Me desvisto con lentitud asombrosa.
Tras los pasos de mi maestro voy sacando
una a una mis pinturas enrolladas. Te las enseño.
Disfrutamos un rato. Las recojo. Te las vuelvo a enseñar.
Disfrutamos un rato. Hablamos. Toco el número de tu tatuaje.
-Intentaron envenenarme.
Destila el aurum potabile.
Pruébala.
Tengo miedo.
Me corta la garganta, dices en sueños.
Quisieras ser como la Elena Marty de Capek
con trescientos años de vida
sin una sola arruga y varias identidades.
¿Acaso no has sido varios yo-tú-ese otro,
escondido, perseguido y torturado?
Eres lo suficientemente bello
como para dejar a cualquiera sin aliento.
Soy también una de tus Elsas.
Pero recuerda Amado mío
que nadie puede desear por 300 años.
Nadie puede tener ilusiones, crear,
observar con ojo eficaz por 300 años.
Es imposible. Uno se cansa de todo.
Me canso.
Y de pronto te das cuenta de que nada existe.
Nada. Ni siquiera la culpa.
Ni siquiera el dolor.
Ni siquiera tú mismo.
Absolutamente nada.
-Sí, tiene buen sabor esta agua mansa,
pero guárdate de ella, dice Comenius.
No hay paraísos del corazón.
Sólo laberintos.
La quintaesencia del universo
se deriva del ojo ameno que mira.
Astrónomos, astrólogos y destiladores
inventan la rajadura del cristal
(agua que no moja las manos).
-Un cuerpo yace sobre la yerba como un animal muerto, me dices.
Cuerpo reflejado en la retina que se desnuda a fuerza de luz secreta.
Estado de desnudez. Descendemos al fondo de la luz (y es el agua).
De Quincunce

I
I
DEL TAMAñO DE UNA GOTA FUE LA MEMORIA
que empezó a transmitir señales,
y la boca quedó tibia sin voz
II
AYER FUI CáNTARO DESTROZADO SIN PALABRAS,
vasija sin canto, sin júbilo,
con piel seca a la entrada de la casa
III
EL AGUA EN LA NOCHE ME NOMBRABA,
abierto el ojo derecho me hizo muda
y sospechosa por mirar tan lejos
IV
VOZ PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA
la de aquellas aguas primitivas
que emanan del aire
V
ESTABLECIERON LOS PODERES
y combinaron los puntos oblicuos
y los fijaron en cinco lugares de la boca
VI
NO SE LIMPIA CON AGUA
ni la memoria ni el cuerpo tatuado,
las marcas internas andan a tientas
VII
MEDITO CON AGUA FINA DE LA BOCA AL OíDO
un olvido que no deja imagen,
una memoria que no tiene público
II
I
ESCRIBO EN AGUA RÁPIDA
el banquete de la mudez: agua
pruebo los sabores de la visión: memoria
II
MEMORIA SÓLO FUE TU BOCA
y la lengua dispersó su fuerza contra el muro,
corrió por su mandato, se humilló ante su trono
III
DESPUÉS EL AGUA SE HIZO REDENTORA
se esculpió en pilares frescos,
esperando más prudencia, menos terror
IV
LA MEMORIA TAMBIÉN ES BUENA
cuando se derrama,
cuando se alza sin súplicas
V
Y LEYERON MI MEMORIA SALIDA DE LOS HUESOS
y la quemaron para adivinar
como herida sagrada en sagrado vaso
VI
FUE CORTA LA MEMORIA
y el recuerdo del recuerdo mismo
dejó que la mano retuviera la palabra
VII
NO SÉ SI PUDE TOCARLA
tejido o textura,
tela urdida con nombres de ciudades

De formas aerodinámicas y espejos de navegantes
Un buen viajero
no tiene ni planes precisos
ni la intención de llegar.
Lao Tsu
-Soñé que una vez un buitre llegó a mí volando.
No tratas de hacer realidad tus ideas,
sólo intentas vencer la resistencia del aire.
Te ocupas de imitar el vuelo de los pájaros
y vives en una casa que tiene guardavecinos,
y una aldaba, y un zaguán.
Como tantas casas de tu ciudad costera,
la mía, poco a poco, se sepulta bajo lava
y cenizas de una tiranía en erupción.
Leo el Islario general de todas las islas del mundo
de Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo mayor
del rey Carlos I de España, y se me ocurren soluciones
para dudas e incógnitas.
-Sí, y me abrió la boca
y me pasó varias veces
sus plumas por ella.
Dédalo huyó de la isla de Creta
para escapar de la pena de muerte. Olor a cuerpos descompuestos.
Aire que derrite cualquier cera. Metamorfosis del alfarero que de
tanto no tener siente miedo y cae al vacío de su propia nadez.
Combinas tus facultades de gran pintor
con las constructor y mecánico.
Tus ciento sesenta hojas de garabatos
elijen sitios para edificar helicópteros y paracaídas,
para alzar el vuelo, para no tocar.
Pura imaginación la del Cosmógrafo de su Majestad,
que por ser judío, y además chueta, de esos conversos
de las Islas Baleares, teme atraerse las furias de la Iglesia.
-Sí, como queriendo insinuar
que durante toda mi vida
hablaría de alas.
Abre tu boca de nuevo, y en caso de que emane un ala,
intenta el vuelo.
Cualquier fantasía sirve para descubrir una ciudad
con palacios de piedra noble, sus iglesias, sus plazas rectangulares
llenas de frondosos árboles y flores, y sus calles, callejuelas y
avenidas batidas por la brisa del mar.
Evalúas la resistencia del aire, y la forma
aerodinámica te convence.
-Mi pequeño Leonardo es astuto y talentoso.
Ayer construyó una máquina de volar con
plumas de ganso atadas con cordones.
Son visibles los cordones que unen las alas artificiales
a los pies que han de impulsarlas.
Si suelto a los demonios sobre tu cuerpo,
se convierten en migajas de pan.
Icaro parece que quisiera advertir
al osado niño del peligro de la empresa.
La palabra no pronunciable: escapar
La palabra soñada: escapar
La palabra maldita: escapar
La leyenda griega cuenta de piedras labradas,
de una bola de hilo, de una pasión que lo domina todo,
y de un agua propicia a las plumas.
Sin serrucho y sin torno el alfarero se desangra en una
página de un manuscrito donde aparecen dibujados
varios grifos atados al trono de Alejandro.
Y a la mañana siguiente el niño cuenta que leyó
un mensaje escueto que le trajo un ave:
"Ignorancia del que se atreve a gravitar".
De todas las leyendas de los tiempos antiguos,
la del osado vuelo, que celebra a la persona deseada,
y no deja medalla conmemorativa, es la que anuncia
que la vida continúa, que se han contado innumerables historias
acerca de hombres que se han elevado por los aires,
que la facultad de volar es cosa de diablos o de heréticos.
El niño escribe la palabra guardacantón en su cuaderno,
después añade la palabra esfera, después escupe sobre la hoja y la tinta
se vuelve un murciélago bajo unos dedos
que carecen de conocimientos, pero están llenos de insinuaciones.
Las goteras que destruyen nuestra casa han dejado tallado un velero
que impulsa la navegación aérea.
El aguafuerte atraviesa mares de nubes, y un intento de lograr divertirnos
gracias a las utopías de los inventores.
De El Libro de Giulio Camillo
(maqueta para un teatro de la memoria)