Enrique Puccia
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| PALABRAS PRELIMINARES
Desde Aristóteles en adelante, intentar definir el fenómeno poético es un propósito casi inútil. ¿Se trata, entonces, de definir una estética? Tampoco parece éste el camino indicado, a no ser que sólo se quiera dar testimonio de una búsqueda desesperada en pos de la provisoriedad de la palabra. Es que el lugar donde el poeta se instala, con el objeto de resignificar la realidad y así borrar la frontera entre lo interior y exterior, no es otro que el del "fracaso", si nos atenemos a la antinomia éxito-destino . El hecho de que lo real y lo irreal, lo propio y lo extraño, busquen ser armonizados por medio de la palabra poética, habla, cuando menos, de una intención unívoca. El resultado, en términos utilitarios, poco cuenta. Tamaña elección presenta no pocos obstáculos, ya que el habla poética se organiza en relación con las formas posibles de la percepción -de su densidad inextricable- que se resiste a ser reducida por cualquier lenguaje que pretenda ordenarla La explicación, entonces, hay que buscarla en el propio poema. Esa es la única justificación. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Enrique Puccia nació en Buenos Aires, en 1941. Es poeta y periodista. Entre 1978 y 1982 residió en España Libros publicados
Antologías
Premios y distinciones
Congresos Participó en el VI Sexto Congreso Mundial de Poetas, celebrado en Madrid en 1982. Traducciones Ha sido traducido parcialmente al inglés, portugués e italiano. Colaboraciones Colabora con publicaciones del país y del exterior, Otras actividades Condujo programas de radio de carácter cultural y dirige el sello editorial Libros de Alejandría. |
Enrique Puccia |
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Un hombre
No se sabe. No hay manera
de saber qué es un hombre
los hechos se consuman
y establecen un límite
el azar es su extremo
donde acechan las dudas
las dudas son las manos
de un hombre en el espejo

Perfume de mujer
a Susana Cerdá
Una mujer espera
al borde del camino
es tan grande su ausencia
que no cabe en la ausencia.
Ignoro si es la fe
lo que encarna el destino
o acaso esa visión
configura el destierro
pero esa mujer
hace fuego en su abismo
ahueca la mirada
y me llama a su encuentro.
Es todo lo que sé
y su ausencia me hiela
porque esa mujer
es obra del deseo
y es intensa su gracia
cuando el día declina
se interna en la memoria
y descorre su velo.
Me pregunto por qué
fructifica en el sueño
me habla y se estremece
como un golpe de frío
me habla y se abandona
a las puertas del alba
me idiotiza y me habla
hasta echar su raíz

La presa
Lo que importa es el ojo
cuando avista la presa
el instante de goce
que supone el disparo
la víctima y su peso
girando en el vacío
las hojas que al caer
desdibujan la escena

Malezas
La muerte por azar
y no el olvido
porque el tiempo es un cuerpo
de rostro ensombrecido
y suya es la distancia
entre un hombre y su suerte
la muerte por azar
y no el olvido
porque quien sobrevive
se convierte en su víctima
deforma la memoria
hasta huir de sí mismo
la muerte por azar
y no el olvido
porque errar es la causa
de la carne abatida
y quien carga sus culpas
avanza en el desierto
la muerte por azar
y no el olvido
porque nada es igual
a su tibia presencia
y torva es la mirada
de quien nunca se humilla
la muerte por azar
y no el olvido
porque quien se desvive
desoye la experiencia
y muta la razón
en golpes de exterminio
la muerte por azar
y no el olvido
porque cada estación
es parte de uno mismo
y es fugaz esa luz
que brilla en la conciencia
la muerte por azar
y no el olvido
porque toda certeza
se funda en el error
y es vana la ilusión
de volver del olvido

Un niño
Lo que un niño contempla
o tiene como suyo. Su mirada
o las sombras que limitan
su espacio. Un escollo, el misterio
de aguas que se agitan. Ese niño
camina por la tierra que inventa
es su cómplice y tiene
..........la muerte por delante

Razones
No hay nada
que la razón no entienda:
la llama que al arder
estimula el deseo
el deseo que acaso
se confunda en la carne
la carne que es la forma
más vil de la existencia.
No hay nada
que la razón no entienda:
la música que alivia
y persuade al instinto
el instinto que es ciego
y busca su carroña
la carroña que es obra
de una boca en acecho.
No hay nada
que la razón no entienda:
el día que al caer
acentúa la espera
la espera que en su afán
acentúa el silencio
el silencio que es todo
lo que un hombre atesora

La sed
Tener como objetivo
llegar hasta algún lado
saber que ese propósito
anula el pensamiento
buscar en la intención
la sed del que camina
aceptar que el camino
es la voz de quien habla

El desierto
Infeliz el que busca
un camino en sus pies
y el que en pos de un atajo
encuentra el infinito
infeliz el que encuentra
un camino a su paso
y detiene su marcha
creyendo que ha llegado
infeliz el que llega
y construye una valla
pensando que edifica
los límites del mundo
infeliz el que al mundo
lo mira desde adentro
y supone que adentro
hay lugar para él

La orilla
Mirar desde la orilla
como quien hace un viaje.
Se fija la mirada
en un punto cualquiera
y se ve una bandada
alejarse y perderse.
Así pasan los días
y también pasa el agua
sin que nada delate
la presencia de algo.
No hay sosiego en la orilla.
No hay sosiego ni vida
....y es inútil cansarse

La muralla
Hay en la secuencia un brillo
próximo a la fe. Algo
que desasosiega, escande
su presencia en la luz. Forma
de lo residual, ingrávido
que semeja la luz. Brillo
que se configura, brilla
.....constituye el error

Alguien lee
En el mundo hay caballos
que galopan veloces
y hay indicios del vuelo
de un ave hacia la muerte
hay destinos marcados
en millones de especies
y hay un sitio en el mundo
donde alguien cavila
hay un hombre entre todos
que construye una lámpara
y otro hombre ilumina
lo que él calla y recuerda

El secreto
La astucia como gozo
del que oculta un secreto
el secreto que atañe
al que encuentra un mensaje
un mensaje grabado
en una antigua puerta
una puerta entreabierta
a la que nadie llama

Travesía del río Quequén
a Enrique Molina, in memoriam
I
Yo conozco a ese hombre
que en el río nadaba
nadaba con la duda
de quien sale a su encuentro
era un hombre entregado
a su instinto en el agua
nadaba y en sus ojos
se avistaba un océano
nadaba en ese río
que anegaba su boca
era un hombre nadando
en busca de sí mismo
II
Yo conozco a ese hombre
que en el río nadaba
nadaba y se lo oía
a ras de la corriente
nadaba con el viento
a favor de su canto
su voz era profunda
como el limo profundo
nadaba y se exponía
al exilio del agua
era un hombre que huía
de su sueño de náufrago
III
Yo conozco a ese hombre
que en el río nadaba
nadaba hasta saciar
la sed de su vehemencia
era un hombre sin tierra
en busca de su alma
de su boca manaba
una espuma caliente
la espuma describía
su fervor en el agua
era un hombre increíble
con aspecto de hombre

Auto de fe
Un río es la continua
destrucción de su lecho
un crepúsculo, siempre,
de deseos callados
la sombra ensimismada
que proyecta su cuerpo
ciudades, animales
la fe del que se queda

Historia de la flor
Quien cultiva una flor
construye un universo
hace lumbre a su lado
y proyecta una casa.
Quien proyecta una casa
levanta sus paredes
acrecienta sus bienes
y goza con la ingesta.
Quien goza con la ingesta
estimula sus vísceras
su apetito es voraz
y devora a sus víctimas.
Quien devora a sus víctimas
digiere con torpeza
hace un hoyo en la tierra
y vomita la flor