Harold Alvarado Tenorio
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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Nació en Colombia, en 1945. Es poeta, ensayista, traductor y periodista. Hizo estudios de Letras en la Universidad Complutense de Madrid, donde recibió el Título de Doctor. Es Profesor Titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y Director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Se ha desempeñado como asesor cultural del Centro Colombo Americano de Bogotá donde dirigió las Series Escritores de las Américas y, también, como editor de los Cuadernos de Poesía de España y América de la Editorial Tiempo Presente y de la Página Ocho/Cultura de La Prensa. Libros publicados Entre sus libros figuran
Premios y distinciones
Traducciones Su obra ha sido publicada en inglés, francés, griego, chino, alemán y portugués. Lecturas Ha sido invitado a ofrecer lecturas de sus poemas en Universidades y Centros Culturales de Argentina, Brasil, China, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, México, República Dominicana y Venezuela. Nota sobre el autor Harold Alvarado Tenorio insiste en descubrir para qué fue destinada su carne y no cesa en advertir lo más humano Harold Alvarado Tenorio ha transitado con intensa entrega por el mundo de las lenguas y por el reino de la imagen hasta configurar una sólida trayectoria como poeta, ensayista, traductor y editor. Además, el escritor colombiano formado en Madrid ha sido merecedor, entre varios galardones, del Premio Internacional de Poesía Arcipreste de Hita, y ha visto su obra publicada en inglés, francés, griego, chino, alemán y portugués. En los poemas que ha seleccionado para este espacio se trasluce la fuerza del grano de su voz que viene a desentrañar, entre otros dolores, que "La patria es el habla que heredaste / y las pobres historias que conserva (...) Con ella morirás sin haberla pisado. / La patria son un hombre, una mujer / y la lengua que hablan" Paulina Lavista / El paseante No. 15-16 |
Harold Alvarado Tenorio |
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| M.M.C |
Miro tu rostro Imagino que habríamos sido felices si fuera joven como tú, sin un pasado, sin las convicciones que compramos al tiempo. Miro tu rostro y confirmo que nada tiene ya sentido: tu hermosura debería ser mi sal de cada día tu juventud me haría vivir otros veinte años. Miro tu rostro y me pregunto: ¿Quién estableció esta rutinaria separación de edades? ¿Quién la fidelidad como hierro inamovible? ¿Quién nos quitó la realidad y sólo nos dejó el deseo? |
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| MARÍA JONSDOTTIR |
En La Ciudad del Lago Salado vivió María Jonsdottir de Ompuhjallur nacida en las Islas de Westmann Steinar de Hlidar que había conversado con los reyes de todo el mundo. La conoció a los setenta años deformada por la artritis y casi ciega después de haber atravesado las Soledades Salvajes. Pobre, ciega y corva va por las estrechas calles sola y sin amigos y sin hogar. María Jonsdottir de Ompuhjallur has criado más de una docena de niños y ya el viento los dispersa por la tierra. Pobre y ciega no te quejas del tiempo pues los criasteis con esa clase de afecto que nada teme ni envidia nada. |
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| LLAMA |
Con las viejas canciones volvía a la muchacha de la una de la tarde. La incansable pianola repetía un perfume de talco barato, blusa de colegial y miradas furtivas. Fueron tiempos donde el insaciable no hartaba la sed del corazón. Veinte años después, una mañana, ese olvidado placer volvió a visitarlo. Ahora ella tenía veinticuatro años, hablaba una lengua que ignoraba el bolero; era color de nieve y una inmensa espiga coronaba su cabeza. No se repite la historia, repitió. Supo, no obstante, que la vida está hecha de gestos. Esa mañana, un aire, que venía del tiempo, Había mecido aquella cabellera deteniéndolo todo. |
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| LA POESÍA |
¿Qué eres sino la visión de la noche? Todo lo nocturno te pertenece. Invitas a los espléndidos banquetes de los sueños y a las no menos espléndidas vigilias de la realidad. Viajas con el hombre y la mujer como si fueras la llama de sus ojos, el bordón de su felicidad o el humo espeso de los amaneceres. Para ti, madre del dolor, sólo hay gloria y pesar, el mediodía no está escrito en tus agendas. Ninguna otra cosa eres, poesía, que la más alta sima donde el loco, los mortales, los desheredados de la suerte y la fortuna, encuentran cobijo. Tú, la detestada, la leprosa, la purulenta, eres la mejor de las hembras la mejor madre. la mejor esposa la mejor hermana y la mas larga y gozosa de las noches. |
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| ENTRE PARÍS E IRÚN |
Después de años de exilio, -sin documentos- una pareja de vascos deseaba morir en las fronteras. La ruina del cuerpo, la ceguera, las manos torpes, los trajes derruidos les impidieron dejar el país que había consumido -como madera que arde en un hogar- el vigor y las fuerzas de su vida. En un rincón del más largo tren que hayas visitado una pareja de ancianos moría de ansiedad. No hablaban ya su lengua, no entendían el ritmo de vuestras vidas. Venían de un pasado, entre dos guerras, campos de concentración, invasiones y venta de brazos al mejor postor. Entre París e Irún quedaron la cenizas que guardabas de aquello conocido -entre nosotros- como esperanza. |
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| DOLORA |
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| COAHUILA 60 |
¿Cuánto hará que viviste en el número 60 de la calle Coahuila? La vieja propietaria estará muerta y ningún huésped podrá saborear, al desayuno, nopalitos con clara de huevo. La ciudad que resta en tu memoria es mínima: el zócalo, la casa de préstamos, la muchacha que te llevaba en su coche hasta el parque de diversiones, las extenuantes horas de visita al museo antropológico, las dos focas, con quien gastabas los domingos solitarios. Queda, más allá de estas cenizas de tus años juveniles, el viaje por el sur, comiendo en casas campesinas, conversando con escolares en las plazas de Puebla, de Oaxaca, de Atitlán, de San José y los rostros de las muchachas Caribes al ver tus vellos, las formas de tus glúteos, la esmerada pequeñez de los órganos genitales y un sabor: la carne salada y el arroz con coco que preparabas para un albañil, el mejor mecenas que hayas tenido. Ya nunca volverás a Colonia Roma No sabrás más del regusto por lo mínimo, lo infinito, la aventura y la solidaridad. |
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| CAFÈ BLANCHE |
Creyendo que la mejor cura contra la melancolía eran esas superficies radiantes y abiertas fuiste hasta las memorables ruinas y viste la estatua de basalto que del cuerpo de Antonio hicieron. Grecia era el testimonio, bajo esa copiosa y virulenta luz, de cómo solo lo externo tiene propia existencia. Ética y belleza eran una y lo mismo. Tallar el cuerpo era tallar también el alma. Curar el odio a sí mismo era curar la soledad. De vuelta a casa, liberado ya del pasado, con aquellas camisas de colores chillones, tus negros pantalones de tres prenses, tus zapatos puntiagudos y habaneros, el desnudo pecho mostrando la cadena de oro macizo y los cinco medallones entrabas al Blanche y pasabas las noches bebiendo cubatas y quemando porros. Todas y todos eran tuyos. Te enamorabas, sin duda. Amabas tanto los ritos de la carne, su lenguaje y sus palabras que incluso ahora, cuando escribes, no sientes, tampoco, interés alguno por el "acto final". |
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| DÍAS DE JUNIO |
Una brisa intermitente alivia los húmedos días de Junio. El vecindario entra y sale de los cafés y los turistas abren la boca ante las maravillas. Nosotros, los habitantes de este mundo, recorremos las calles esperando encontrar, quizás, un hombre o una mujer con quienes hablar de cosa distinta al dinero o engrosamos las filas de unos aficionados a las danzas folklóricas. Mientras bailamos, tomados de las manos, olvidamos el color de nuestra piel, las lejanas costumbres, nuestro redondo cuerpo y la lengua imperial. Caemos en un paraíso que trae, hombro a hombro, una bella marroquí, un negro de Guadalupe. un pequeño danés o una vieja y bella alcohólica. Después tomamos el metro de regreso. Abrimos la puerta y aspiramos un sueño donde escuela, patria, hermanos y amigos sueñan con una brisa intermitente en Junio, en cualquier parte. |
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| ANDRÉ SALMÓN |
Los caminos del olvido son varios. Varia la cambiante faz de esta música que siempre soñó en tus carnes frágiles con tanta melodía antigua y bien olvidada. Los caminos de las ciudades que vieron tus ojos tristes son sonatas en viejos pentagramas. Estos poemas, más largos que ninguna vida, deben recordar que algún día viviste entre ellos, pues aprendiste que no existía la tierra y que un pez nada puede si se rompe las aletas. Pero tu corazón es más ancho que Alemania y Francia reunidas, y de Montmartre a Montparnasse sólo queda el recuerdo, grave, y cuando entraba el metro en la estación viste a la verdad danzar entre los carriles y el cielo era un paisaje y el viento tiraba del pelo a los árboles. Querido, André Salmón, nombre de pez teleósteo fisóstomo un metro y medio de largo que desovas en los ríos en otoño y emigras donde ellas sostenían a los guerreros. Querido André: has envejecido meitando engaños. |
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| ANOTACIONES |
Dulce enemiga que llevas al hombre más allá de sí mismo. Adoro tus perfecciones y tus fulgores sobre mi cuerpo helado. Recorres a zancadas los cielos -nada apacibles- y las estrellas incesantes y las estrellas quietas. Bella al alba y al crepúsculo dueña de la vida todo te magnifica. Ante vosotros llego soberanos de la gran ramera con la vieja segadora de vidas. Otorgadle, como a los secuaces del gran negocio, pasteles y agua y aire y una casa solariega en Manhattan. Retrocede, Sui, viejo cocodrilo no me acometas vete no cortarás mi juventud. Mis versos como cuchillo de pedernal, mis versos como muelas de joven caballo, destruirán tus ojos y tu boca. |
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| EL ZÓCALO |
Esta mañana he visto una España Imperial desconocida, no imaginada por Felipe Segundo. Hernán Cortés supo que fundaba en Tenochtitlán, la Nueva España, la única heredera de Isabel y Fernando. La inmortal y corrupta España vive en México y el zócalo es su espejo y memoria. Detente aquí y mira cómo la voluntad de un hombre pudo tejer un sueño que hoy rasgan otros en su propia tierra. Mira la mole de la catedral, mira la dilatada plaza, el suntuoso palacio y la espléndida casa de empeño. Antes de partir recorre los signos del tiempo. Unos hombres ofrecen, al lado de la catedral, los más antiguos y perdurables oficios: cerrajero, fontanero, zapatero, soldador, adivino Confirmando al extremeño cómo su obra no ha sido exterminada. |
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| PROVERBIOS |
No hables. Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren. Confía sólo en los niños y los animales y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado. A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades, tus angustias, pero nunca tus éxitos. De tus hermanos ama el que está lejos y teme al que vive cerca. A tus padres nunca preguntes por su pasado ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud. Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado. Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita y si llegas a tener hijos, piensa que, como en los juegos de azar, podrás ganar o perder. El destino no existe. Eres tú tu destino. Y si llegas a la vejez da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo, pero implora con resignación por tu pronta muerte. Los que no tenemos dinero ni poder valemos menos que un caballo, un perro, un pájaro o una luna llena. Los que no tenemos dinero ni poder siempre hemos callado para poder vivir largos años. Los que no tenemos dinero ni poder llegados a los cuarenta debemos vivir en silencio en absoluta soledad. Así lo entendieron los antiguos, así lo certifica el presente. Quien no pudo cambiar su país antes de cumplir la cuarta década, está condenado a pagar su cobardía por el resto de sus días. Los héroes siempre murieron jóvenes. No te cuentes, entre ellos, y termina tus días haciendo el cínico papel de un hombre sabio. |
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| LA CIUDAD |
Mientras limpio las patatas la buena de Sichuan torpe como nunca va colocando los platillos de arroz, nueces, salsa picante, hojaldre, bróculi, para que almuerce, todavía, por tres pesos con cuarenta centavos, plus taxes. Voy con un taxista que masca un inglés de las islas y nada sabe de este mundo excepto que mañana tendrá que trabajar de nuevo, que trabajar de noche, que trabajar de día y así hasta el fin. O puede ser Regas quien venga cuando traduce a Vallejo en medio del largo invierno y los clientes se sacan el abrigo y lo cuelgan y saludan y piden un suvlaki, un litro de Retsina, unos pastelitos de almendras y saludan y conversan con un profesor de arameo y la vieja Rae Dalven o el cantor del bolo alimenticio, nuestro peruano Carlos Germán Belli, sonriente y calvo en su camisa de tortuga. Mi sucio barrio se transforma en el costado sur del Central Park, en alto verano, con sus pirámides a los Padres de la Patria, que miran, cada solsticio, la húmeda soledad de estas calles, su olor a goma ardiente, y los caballos, galeotes del coche, meten la cabeza entre las zanahorias aliviando la sed del tiempo. New York de la miseria y la opulencia, con tus desfiles de blancos que se quejan, de negros que se quejan, de amarillos que se quejan, de nuestros hermanos que sangran por los treinta pesos diarios y las ilusiones rotas y el alma quebrada en mil pedazos. Vestida de blanco espera a la salida del metro, sin bragas, como siempre. El hediondo motel con su porno rayado les vería consumir las cinco tandas de carne y agua con que saciaban la muerta vida. Y no volvería a verla ni a saber de su madre enferma y su marido que la golpeaba antes de hacer el amor, ni a saborear sus nalgas cubiertas de un vello dorado y el perfume de su sexo más parecido a max factor que a un coño importado del trópico. Abres la puerta y la calle San Marcos se puebla de muchachos de pelo ensortijado que buscan un abrigo viejo para estar a la moda y compran chucherías de segunda para estar a la moda y se cortan el pelo a lo podrido para estar a la moda y consumen todo lo consumible para estar a la moda y bailan como potros de trote para estar a la moda y muerden imperdibles a sus mejillas para estar a la moda comiendo entre cucarachas yogur y arroz violeta y pollo tiznado de achiote y carne de cordero de verde podredumbre que ofrece un hindú con la sonrisa hueca y fétida. New York De la comida barata y la barata cerveza y la vida barata. |
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| LA PATRIA |
No pierdas el tiempo buscando la patria. El dinero no la requiere y su lengua es usura. La patria es el habla que heredaste y las pobres historias que conserva. Tu abuela, en el zaguán, ciega ya la memoria, meciendo los años de sufrimiento y desdichas. Tu madre, entristeciendo de melancolía y pavor, Limbania, vigilando en prolongados silencios los rumbos de su hermana, tu tío, atado a la tierra que habíale regalado, en plena juventud, diez memorables sonetos y Elisa, sazonando el espíritu del capón, hirviendo las aguas de aromas, viéndote crecer como un desconocido. La patria es también el vasto imperio de tu idioma y la música de aquellos que la pensaron con amor. Tu patria son las verbales y pequeñas batallas de Bolívar, la culpa, el frío y el hambre de Vallejo, Neruda y su infinita colección de nombres y cosas, los juegos memorables y eternos de tu maestro Borges, y un laberinto de sangre llamado Macondo. Tu patria serán los libros que des a la tierra y la felicidad que depares al lector. No pierdas el tiempo buscando la patria, la llevas contigo. Con ella morirás sin haberla pisado. La patria son un hombre, una mujer y la lengua que hablan. |
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| CK MEDITA SOBRE LA MORAL DEL CAMPESINADO |
Moreno y fortísimo, es una de las mejores mulas de los trapiches de Efeso. Pero tiene el rostro manchado, su boca no ha conocido dentadura, tiene pequeño el pene y está virgen. No obstante está enamorado y es cierto, de dos de las más bellas jóvenes de Corinto así, ellas, también, le rechacen y huyan. Sediento de placer -teme más dar que recibir- cada fin de semana sueña con entregarse a alguien -humano o bestia- pero cuando está a punto de dar el gran sí recuerda que su madre le espera despierta, no importa la hora, para que vuelva a casa. Su madre y sus abuelos harán que llegue intacto, por delante y por detrás, hasta las mismas puertas. Del paraíso. Permitid esquivos dioses, que este horrendo muchacho sepa, al menos por una vez sola, para qué fue destinada su carne en este mundo. Dad a "Marrano" una oportunidad sobre la tierra. |