Kakuan
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| PALABRAS PRELIMINARES
Acerca de Los 10 Toros Prólogo por Nyogen Senzaki y Paul Reps La iluminación que busca el Zen, y por la que el Zen existe, viene del sí mismo.
El toro es el principio eterno de vida, verdad en la acción. Los diez toros representan la secuencia de pasos en la realización de la verdadera naturaleza de uno mismo. Esta sucesión es tan potente hoy como lo era cuando Kakuan (1100-1200) la desarrolló a partir de trabajos anteriores e hizo sus cuadros de toros. En occidente desarrollamos un trabajo similar ocho siglos después para conservar el vigor de este proceso ilustrado por el toro, tal como en Kyoto hizo Tokuriki ocho siglos antes. La comprensión del principio creativo trasciende cualquier tiempo o lugar. Los 10 Toros son más que poesía, más que cuadros. Es una revelación espiritual que se va manifestando a través de la experiencia humana. Pueda el lector, como el patriarca chino, descubrir las huellas de su potencial interno y, llevando su báculo y el odre de vino de su deseo más profundo, frecuentar el mercado y facilitar la iluminación a otros.
HISTORIAS ZEN TU LUZ PUEDE APAGARSE Un estudiante llegó al Zen como discípulo de Gasan. Cuando unos años más tarde se preparaba a partir, Gasan le advirtió: «Estudiar la verdad por medio de la especulación es útil como un modo de recolectar material para la predicación. Pero recuerda que, salvo que medites constantemente, tu luz de la verdad puede apagarse». EL QUE DA DEBE SER EL AGRADECIDO Durante el tiempo que Seisetsu fue el maestro de Engaku en Kamakura siempre pidió salas mayores, pues aquellas en las que enseñaba estaban abarrotadas. Umeza Seibei, un comerciante de Edo, decidió donar quinientas piezas de oro llamadas ryo para la construcción de una escuela más cómoda. Llevó ese dinero al maestro. Seisetsu dijo: «De acuerdo. Lo tomaré». Umezu dio a Seisetsu el saco de oro, pero no estaba satisfecho con la actitud del maestro. Una persona podría vivir un año entero con sólo tres ryo, y al comerciante ni siquiera le habían dado las gracias por quinientos. «En ese saco hay quinientos ryo», reiteró Umeza. «Ya me lo habías dicho antes», contestó Seisetsu.
El Emperador observó lo usadas que estaban las ropas de Yamaoka y le dio dinero para que se comprara otras. Pero cuando éste regresó llevaba el mismo traje viejo. «¿Qué ha sido de tu traje nuevo, Yamaoka?», preguntó el emperador. «Di ropas a los niños de Su Majestad». |
Kakuan KUO-AN SHIH-YUAN |