Luisa Futoransky
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| DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Luisa Futoransky nació en Buenos Aires, en 1939. Tiene estudios y profesiones varios, algunas pasiones, cada tanto ciertos deslumbramientos, pero su absoluta fidelidad es sólo con la poesía. Libros publicados Poesía
Novelas
Inédita
Ensayos
Premios y distinciones Condecoración de Artes y Letras de Francia Invitaciones En la Universidad de Berkeley, en California. |
Luisa Futoransky |
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| CARTULINA DE LJUBLJANA |
Ljubljana tiene un río. Más bien modesto si lo comparo con las desembocaduras del Yangtsé o el Río de la Plata pero para río que no es de desierto y se seca todo el año menos tres días en que arrasa todo porque la arena le resbala por el lomo, está normal. Es río para coronarlo de puentes breves y atravesarlos con paso de cruzar canal veneciano por pasarelas románticas y otoñales. Río poco navegable, me parece. Me gustan las ciudades con nombres, dinero, consonantes y sonrisas incomprensibles. Desayuno con achicoria. Las cañerías del hotel huelen raro, como mi vecino del avión. De golpe me recuerda la ropa interior de algún amante. Ese olor entre húmedo y podrido que sobrecoge a la lana una noche, como si la hubiera portado a cuestas un siglo un fantasma y no se va nunca de la piel, jamás. Parece, parece Praga, por el amarillo, el rosa desvahidos de crema pastelera de la plaza y los castillos, pero sé que no estoy en Praga. Chaparritos, los bolivianos en las ciudades del norte tocan el cuatro, el charango, la quena. De preferencia los fines de semana y cerca de los grandes almacenes. ¿Cómo llegaron con sus cuecas, sus agudeces, la quemazón de sus caras de otros vientos y sus ponchos al centro de Ljubljana? ¿Cuando el invierno arrecia dónde emigran? ¿Hacen nido con las cigueñas en los campanarios del sur? En la gran plaza del mercado muchos puestos venden velas. Cirios de colores en plástico rojo, en vidrio blanco con cristos con corona de espinas y sangrando. De todos los tamaños. Vírgenes menos. Pimientos grandes y brillantes, bordeaux, bermellón, verde delicado en guirnaldas, como oriflamas, como joyas. Bananas ensartadas. Algunos repiten que las probaron recién después de la guerra, para mí los sabores nuevos fueron kiwis, paltas, endivias y chirimoyas. Ljubljana la de cera, miel y hierbas. Cerca está Celje, quién sabe el castillo de la Bathory, digo quién sabe porque las pronunciaciones y los mapas me intranquilizan. No toda ruina sombría cobijó serial killers. Te concedo el beneficio de la duda, Celje. En un kiosko un racimo de hombres come arenques a las nueve de la mañana, en otro lugar también del norte vi que se las deslizaban de la mano al garguero, como las focas en el zoo, me parece que era un sábado en la calle mayor de Estocolmo o de Rotterdam. Pero la gente no hace gracias. No me acuerdo que soñé ni desée en Ljubljana. Pero no estoy muy segura. En realidad no estoy segura de nada, salvo de respirar. A veces. |
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| ERVINIO DE VENECIA |
La rosa profunda y oculta de San Marco borroneada hasta el infinito desprestigio se desdobla en interminables llaveros de latón, tarjetas desteñidas pasos que se arrastran, sobacos que huelen podredumbre y se maquillan de Chanel número 5 La boda fugaz era en Torcello cada dama recibió su ramo níveo y tan fresco que dado el centro riguroso del invierno, jazmines y gardenias parecían más bien obras debidas a prodigio que a fatiga vulgar de los mortales Los novios fueron celebrados con salvas de arroz y campanadas las lámparas se adormilaron y la cera fundida de las velas guardó lo lagañoso de sus cabos para recomponer anhelos de puro inconfesables, musitados en sordina Las ligas de la esposa se salpicaron de coágulos verdastros Y un pescador controlaba el orden longilíneo de sus redes Multicolores, las paredes de Burano acogían los ojos fatigados de las últimas encajeras el rumor de los motores se confundía con el delirio manifiesto de estas manos que acarician órbitas, cejas peladas de un nombre desaparecido en los vapores linfáticos del cementerio Arcangelo Michele Después de tanta urdimbre y congoja a la deriva ¡cómo no entrar subrepticia entonces en un sitio de plegarias llamado San Felice! Sorteaban una lotería en el oficio y el cura repetía micrófono en mano que el niño Ervinio había ganado un helado el muchachito de domingo no conseguía arrancarse su máscara antigua de arrebol, detalle cuanto más elocuente dada la proverbial palidez de los nativos Nunca sabré ya cuales fueron los sabores preferidos por el niño ni apreciaré con la fruición de un entomólogo las venillas azulencas del reverso goloso de su lengua antes de que, como a la mayoría de los ejemplares de esta especie, se le vuelva escamosa inerte y bífida hasta la resurrección de la carne y olvido para siempre del escarnio. Funesto el roce impío del adiós, Ervinio. |
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| DENTADURA |
Batallas sangrientas, perdidas de antemano por cada una de mis muelas y mis dientes un mapa con banderilleo de privaciones y cercenamiento cuyas trazas se pierden en las mismas, reiteradas escaleras que conducen a idénticos tronos de aprensión, oprobio y pánico Carradas de nombres, moldes en yeso vaciados de significado como maxilares caninos molares para quedar con una sola referencia elemental: los de adelante, los de atrás los de arriba, los de abajo; como los primeros pasos de Buda desnudo en el mundo hostil Incisivos de vampiro de morsa roedores caricaturas, puertas primeras que revelan a los hombres del poder Romper/ no romper rechinar los dientes Oh! mis dentistas con sus pinzas gasas jeringas puentes coronas falsas anestesias del mundo entero manos singulares que me arrancaron una a una las raíces del juicio y cada tanto, a falta de tantas cosas me prescriben tabletas que adormecen bacterias sin sosiego Encías residuos sueños Refulgente la sonrisa kolinos o colgate brilla desde nunca por su permanente ausencia |
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| INSOMNIO EN LA RUE DE CHARENTON |
los ruidos amigos que me tienden habitantes desconocidos el repartidor de diarios a las 3,35 el repartidor de lácteos a las 4,15 el repartidor de pan a las 5,40 la vecina que orina el amante que parte los cirujas que revisan los tachos de basura |
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| MANITAS Y TORTITAS |
Los hamsas, de hamesh, que en lenguas semíticas equivale a la cifra cinco, son amuletos con forma de mano, usados en Marruecos y otras regiones levantinas contra calamidades, encantamientos, malos espíritus o esterilidad. Preservan a los portadores en sus viajes de los bandidos y piratas, por ejemplo, les aseguran bendiciones y éxito, despiertan en los otros buenos deseos o amor. Manita manita, yo quiero ser papel secante para leer del revés las verdaderas intenciones de su mano, las obras de su alma y si le falto, cuánto. O si no, concedeme medir mi riqueza como un guerrero taino, por el número de banquitos que poseo para sentarme y tener uno para cada día de la vida y esperarlo como si fuera cierto que "no va a dejar sola a su pobre Lou". Pero en vez de eso soy tan solo un estuario nocturno, loca contra el arrecife de abandono y, encima, batiendo palmas, canturreando: Tortitas de manteca, tortitas de cebada, mamita me da la teta, papito no me da nada. |
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| LA SIN TIEMPO |
deshice casas perdí bibliotecas me fui con lo puesto en una valija dos valijas tres indivisible la trinidad es lágrimas patitas para qué te quiero las actrices pobres y viejas terminan sus días emparedadas tomando mate en un asilo temible la Casa del teatro ¿Acaso no matan a los caballos? |
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