Mario Meléndez
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| PALABRAS PRELIMINARES
PRÓLOGO DE UN SUEÑO CON ESPINAS El poeta es un ser esencialmente inadaptado, solo, abandonado a su suerte, especie de raza maldita y proscrita a través de los siglos. Su trabajo es oscuro, secreto, subterráneo, no expuesto a leyes de mercado, y por lo tanto no comercial. Un gran vago a decir del consumismo que a veces lo tienta sin buenos resultados. Pero el poeta existe, persiste, sobrevive, se abre camino a machetazos, tienta como una araña ciega el universo, donde extiende sus redes, agonizante. Y escribe, escribe, escribe para algunos que lo esperan con sus grandes orejas, para esos que lo esperan y que como él sólo tienen sus sueños. Escribe, corrige, corre, corre la maratón de la angustia convertido en el único fondista, el único que llegará sin pulso a la meta o quedará tendido en el trayecto, errante y deshuesado. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació en 1971, Linares, Chile. Estudió Periodismo en la Universidad La República de Santiago. Libros publicados Entre otros:
Premios y distinciones
Revistas y antologías Sus poemas han sido incluidos en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Encuentros
Otras actividades Dirige, durante dos años, un taller literario en la Cárcel de Talca que dio origen al libro Los Rostros del Olvido (dos volúmenes) donde se reúne el trabajo poético de los internos. Actualmente es Presidente de la Sech, en la región del Maule. |
Mario Meléndez |
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TRAVESÍA DEL DOLOR Tributo a Pablo de Rokha (selección) |
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| 1 |
Entra tu rostro en la noche como un murciélago de luto De tu maleta salen estrellas y abejas degolladas Tu corazón es una pisada de buey temblando de miedo y de frío Tu esqueleto arde en el crepúsculo de las avellanas y los gorriones amarillos Vuela hacia tu alma un ruiseñor montado en la tarde Entre sus alas guarda la ceniza de tu nombre el rocío de tu llanto que inunda el paisaje con su dolor de océano vacío y desolado |
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| 4 |
Dejas tu sombra sentada en un tren y luego partes con tu equipaje hacia la niebla de los días En tus bolsillos aúllan las palabras que nadie escribirá por ti mientras las lágrimas de tus huesos decoran el horizonte con su aroma de tumbas Caballos muertos galopan por tu piel apuñalada Caballos muertos devoran la maleza de tu vientre Cae la noche como un ladrillo sobre el paisaje y con ella cae el dolor que cuelga de tus entrañas malheridas |
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| 9 |
Vuela tu nombre sobre el silencio de las catedrales vacías Tu voz se enreda entre la carne de los templos Bebes el cáliz amargo del abandono y la indiferencia Cuelgan tus palabras de los vitrales malheridos Echas agua bendita sobre tu piel que se quema bajo los altares Sangras en el murmullo de las oraciones que se escapan de tu boca Recoges las hostias que se te incrustan en la memoria como tábanos hambrientos Haces gárgaras con el vino sagrado de los siglos Y con el pan repartido por el Hijo del Padre te preparas un enorme sandwich y lo llevas en tus maletas cargadas de viajes y de libros |
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| 10 |
Arrinconado por su propia sombra Crucificado al gran madero de los siglos Amarrado con alambre y con cadenas Untado en estiércol nadas en el vinagre y en el orín de los amaneceres golpeados Tu canto lleno de telarañas resuena en el vacío de tu mano Tu ombligo puesto en las vitrinas mira los rostros que se apiñan para apedrear tu sonrisa de abeja quinceañera Cae en la tarde un jilguero muerto a tus pies y tú le arrancas las tripas para escribir sobre los muros tu último poema |
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| 12 |
A Licantén regresarán tus huesos Al nicho del que saliste con los bolsillos hinchados de eternidad y de tristeza A la calle donde la noche se arrastra cargando tu corazón al hombro A la casa donde tus uñas crecen como enredaderas A la habitación donde te parieron tres hienas riéndose de ti Al ataúd del que saldrás otra vez a vivir de la mano con la muerte |