El temploTu aliento es la humedad que necesito para hacer crecer el nombre de una planta entre las ruinas de este templo: el poema de tus ojos, un ensayo tembloroso de comparar esas pestañas con helechos. Condenado a un oficio menor, como barrer los pasillos que abandonan las palabras, maldigo a mis patrones entre dientes entre versos que no alcanzan a roer la estructura de este viejo edificio: el poema en que trabajo hace unos meses con desgano