Nunca volví a estas playas porque nunca me alejé de ellas.
Así como las olas se obligan a la orilla sin pensar
me obligo al Regreso una y otra vez,
EL CORAZÓN, SI PUDIERA PENSAR, SE PARARÍA.

Verdaderamente

nunca salí de este paisaje
porque el recuerdo latía
bajo la pétrea coraza del cangrejo
y la vida se aspiraba al ritmo marino.