CRISPÓ LAS MANOS...
       Crispó las manos bajo el velo negro... 
“¿Por qué te ves tan pálida?” 
—Porque lo colmé de amarga tristeza hasta embriagarlo. 
¿Cómo podré olvidar? Salió vacilante, 
los labios retorcidos de dolor... 
Bajé las escaleras sin tocar las barandas, 
corrí tras él hasta la reja. 
Le grité sin aliento: “¡Burla fue todo lo dicho! 
Si te vas, me moriré”. 
Sonrió con pavorosa tranquilidad 
y me dijo: “No te quedes afuera, 
el viento te hará mal”.
De La Noche, 1912