LA CANCIÓN DE LA ÚLTIMA CITA
       Se enfriaba, desvalido, mi pecho, 
pero eran ligeros mis pasos. 
Me puse en la mano derecha 
el guante de la mano izquierda. 

       ¡Me pareció que había muchos peldaños 
aunque sabía que eran sólo tres! 
Un murmullo otoñal entre los arces 
me pidió: “¡Muere conmigo! 

         ¡Oye: una suerte penosa, 
inconstante y mala me engañó!” 
Le contesté: “¡Querido mío: 
a mí también. Contigo moriré!” 

       Esta es la canción de la última cita. 
Eché una mirada a la casa sombría. 
Tan sólo en la alcoba ardían las velas 
con una llama indiferente y mustia.
De La Noche, 1912