CARMEN
¡Ah, sí, Amor es libre como un ave!
¡Sí, lo mismo, soy tuyo!
¡Lo mismo, soñaré con tu talle,
tu talle ardiente!
¡En la fuerza rapaz de tus bellos brazos,
en tus ojos, donde hay el dolor de las traiciones,
está el desvarío de mis pasiones vanas
y de mis noches, Carmen!
Cantaré a ti. A los cielos
pasaré tu voz.
Como un sacerdote, celebrando tu fuego,
elevaré una misa a las estrellas.
Te levantarás como una ola tempestuosa
en el río de mis versos,
y no lavaré de mis manos las huellas
de tu perfume, Carmen...
En la hora quieta de la noche
tu rostro obsesivo lucirá como una llama
su sonrisa luminosa
que brilló por un instante para mí.
Acaricio la esperanza dulce
de que tú, en aquel país ajeno,
furtivamente, alguna vez
pensarás en mí...
A través de la tormenta de la vida, en la ansiedad,
en el dolor de todas las traiciones,
que este pensamiento tuyo sea severo,
sencillo y blanco como un camino.
¡Como un largo camino, Carmen!
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