EL CAMPO KULIKOVO
(La batalla con los tártaros, en 1380)
       Se desarrolla el río. Lento fluye y triste, 
va bañando sus riberas. 
Sobre la arcilla estéril del barranco se entristecen 
los almiares de la estepa. 

       ¡Oh, amada Rusia mía! Es tan claro el camino 
que hasta causa dolor. 
El mismo camino donde antigua flecha tártara 
nos atravesó el corazón. 

       Nuestro camino: la estepa, el dolor infinito, 
¡oh, Rusia, tu dolor! 
Pero hoy ni las tinieblas nocturnas y extrañas 
pueden causarme temor. 

       ¡Que se haga la noche! Llegaremos. Las hogueras, a lo lejos, 
por la estepa alumbrarán. 
En el humo lejano brillará sacra bandera 
junto al acero del jan... 

       ¡Y el combate eterno! Sólo soñamos con la quietud 
entre la sangre y la tierra... 
Vuela, vuela, indomable, la yegua de la estepa 
y va aplastando las hierbas. 

       ¡Y no hay fin! Escarpas y llanos van pasando... 
¡Detenedla! ¡Que no escape!... 
Corren, corren las nubes asustadas. 
¡El poniente está en sangre! 

       ¡El poniente está en sangre! ¡Del corazón sangre fluye! 
Llora, llora, corazón... 
¡No hay paz! La yegua indomable de la estepa 
huye, loca de furor. 
De Patria
1908