RUSIA
Rusia, Rusia desdichada...
Para mí tus cabañas pardas,
tus canciones llenas de viento,
son como las primeras lágrimas de amor.
No sé compadecerme de ti
y llevo cuidadosamente mi cruz...
Entrega tu belleza audaz
a cualquier hechicero.
Deja que te atraiga y que te engañe.
No te perderás, no te acabarás.
Tan sólo nublarán tu rostro bello
los pesares y cuidados.
¿Qué importa? Un cuidado más:
otra lágrima que se vierte al río;
pero tú no cambiarás: selvas y llanuras,
y un pañuelo floreado que cae hasta las cejas.
Y lo imposible es posible;
el camino largo es fácil,
cuando brilla a lo lejos
la mirada fugaz bajo el pañuelo,
cuando resuena con honda tristeza
el canto sordo del cochero.
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