RUSIA
       Rusia, Rusia desdichada... 
Para mí tus cabañas pardas, 
tus canciones llenas de viento, 
son como las primeras lágrimas de amor. 

       No sé compadecerme de ti 
y llevo cuidadosamente mi cruz... 
Entrega tu belleza audaz 
a cualquier hechicero. 

       Deja que te atraiga y que te engañe. 
No te perderás, no te acabarás. 
Tan sólo nublarán tu rostro bello 
los pesares y cuidados. 

       ¿Qué importa? Un cuidado más: 
otra lágrima que se vierte al río; 
pero tú no cambiarás: selvas y llanuras, 
y un pañuelo floreado que cae hasta las cejas. 

       Y lo imposible es posible; 
el camino largo es fácil, 
cuando brilla a lo lejos 
la mirada fugaz bajo el pañuelo, 
cuando resuena con honda tristeza 
el canto sordo del cochero.
De Patria
1908