DON JUAN
Altivas y sencillas son mis ansias:
empuñar el remo, poner el pie al estribo,
engañar al tardío tiempo fugitivo
y en nuevos labios beber nueva fragancia.
En la vejez, el precepto de Jesús:
bajar la vista, llevar nieve en la frente,
y en el alma llevar cual penitente
la carga redentora de una cruz.
Tan sólo cuando en una orgía triunfante
me recobro ya hastiado de placer,
asustado de la soledad y el frío,
me recuerdo, átomo insignificante,
que no tuve nunca niños de mujer
y nunca llamé a un hombre hermano mío
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