DON JUAN
       Altivas y sencillas son mis ansias: 
empuñar el remo, poner el pie al estribo, 
engañar al tardío tiempo fugitivo 
y en nuevos labios beber nueva fragancia. 

       En la vejez, el precepto de Jesús: 
bajar la vista, llevar nieve en la frente, 
y en el alma llevar cual penitente 
la carga redentora de una cruz. 

       Tan sólo cuando en una orgía triunfante 
me recobro ya hastiado de placer, 
asustado de la soledad y el frío, 
me recuerdo, átomo insignificante, 
que no tuve nunca niños de mujer 
y nunca llamé a un hombre “hermano mío”
De Las perlas
1910