LA OFENSIVA
       Aquel país que podría ser un paraíso 
se convirtió en guarida de fuego. 
Avanzamos cuatro días, 
cuatro días de no comer. 

       No es preciso el manjar terrestre 
a esta hora extraña y clara, 
porque la palabra de Dios 
nos mantiene mejor que el pan. 

       Las semanas cubiertas de sangre 
son deslumbrantes y ligeras... 
Sobre mí se desgrana la metralla, 
y más rápidas que aves vuelan las espadas. 

       Grito, y mi voz salvaje 
es cobre golpeando el cobre. 
Yo, portador del gran pensamiento, 
no puedo, no puedo morir. 

       Como martillos de trueno, 
o como olas de mares enojados, 
el corazón rubio de Rusia 
late, rítmico, en mi pecho. 

       ¡Oh, qué blancas las alas de la victoria! 
¡Cómo fulguran sus ojos! 
¡Oh, qué sabia es la voz 
de su trueno purificador! 

       Tan dulce es lucir la victoria 
como cubrir a una mujer de perlas, 
y pasar sobre la humeante huella 
del enemigo en retirada. 
De El aljaba
1916