LA OFENSIVA
Aquel país que podría ser un paraíso
se convirtió en guarida de fuego.
Avanzamos cuatro días,
cuatro días de no comer.
No es preciso el manjar terrestre
a esta hora extraña y clara,
porque la palabra de Dios
nos mantiene mejor que el pan.
Las semanas cubiertas de sangre
son deslumbrantes y ligeras...
Sobre mí se desgrana la metralla,
y más rápidas que aves vuelan las espadas.
Grito, y mi voz salvaje
es cobre golpeando el cobre.
Yo, portador del gran pensamiento,
no puedo, no puedo morir.
Como martillos de trueno,
o como olas de mares enojados,
el corazón rubio de Rusia
late, rítmico, en mi pecho.
¡Oh, qué blancas las alas de la victoria!
¡Cómo fulguran sus ojos!
¡Oh, qué sabia es la voz
de su trueno purificador!
Tan dulce es lucir la victoria
como cubrir a una mujer de perlas,
y pasar sobre la humeante huella
del enemigo en retirada.
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