LA QUE DERRAMA LAS ESTRELLAS
No siempre eres ajena y orgullosa 
y no es siempre que no me deseas. 

       Queda, queda y tierna como en un sueño 
sueles venir a veces hacia mí. 

       Sobre tu frente hay un mechón espeso 
que no me atrevo a besar. 

       Y tus grandes ojos se encienden 
con la luz mágica de la luna. 

       Mi amiga tierna, mi implacable enemiga: 
tan bendito es cada paso tuyo, 

       como si pisaras sobre mi corazón 
derramando estrellas y flores. 

No sé adónde las cogiste 
ni por qué te ves tan clara... 

¡Oh, quien gozó de un instante a tu lado 
ya no podrá desear nada más en la vida! 
De La hoguera
1917