EL PEÑASCO
       Una nube rubia pasó la noche 
sobre el pecho de un peñasco enorme. 
Por la mañana se alejó temprano, 
jugando, alegre, en lo azul... 

       Pero dejó atrás una huella mojada 
en la arruga del viejo peñasco, que queda 
solitario, lleno de pensamientos hondos, 
y llora, silencioso, en el desierto. 
(1841)