LA DESPEDIDAEn el automóvil, después de cambiar el último franco: ¿A qué hora para Marsella? París corre, despidiéndose de mí, en toda su belleza imposible. ¡Sube hacia mis ojos, líquido de la separación, quiébrame el corazón con la sentimentalidad! Querría vivir y morir en París, si no hubiera una tierra: M o s c ú .(1925)