EL COMPAÑERO
Tras el enemigo de nuevo caminamos 
hacia el poniente cinco días, palmo a palmo. 

El quinto día, bajo un fuego inclemente 
cayó mi compañero, el rostro hacia el poniente. 

Tal como avanzaba, así murió: corriendo. 
Así cayó y así quedó en la nieve, yerto. 

Abrió los brazos anchos como si quisiera 
abarcar en ellos a la nación entera. 

Como si él, que dio su vida en la pelea, 
aún después de muerto su tierra protegiera. 

Muchos días amargos la madre llorará. 
La victoria no podrá devolvérselo ya. 

Mas para él —que lo sepa la madre doliente— 
fue más fácil morir con el rostro al poniente. 
De La libreta del frente, 1942