LA CABEZA
A la memoria de la princesa de Lamballe
Septiembre, 1792
Este cuerpo ágil, apasionado, 
la plebe lo pisoteó, 
lo insultó, 
lo desnudó... 

y no osé mirarlo... 
Pero me separaron del cuerpo 
echando trizas 
de carne destrozada sobre las piedras... 

Y la plebe de París 
me llevó por el tumulto de las calles. 
Bebían ajenjo en la taberna 
y me echaron sobre el mostrador mojado... 

Un barbero me alzó del lodo, 
peinó mis blondos bucles, 
puso carmín en mis mejillas 
       y las empolvó. 

       Ultrajada y toda herida, 
       ondulada por una mano sucia 
       como para la fiesta, 
       me erguí en la punta de una lanza 
       sobre la muchedumbre. 

       Se arrebataba la bacanal... 

Cantaba la gente en una mística locura 
y como llamas resonaban las canciones. 

Me pareció estar en un baile de Versalles... 
La suave danza me envuelve y me lleva... 
Y por la escalera estrecha de la prisión 
en la torre del Temple, hasta la ventana de la Reina 
me levanté, mensajera del pueblo.