Soles desteñidos
La gente en la ciudad
vive con pasiones rotas
con soles desteñidos.
Se contemplan sin dilemas
caminando sin moverse
sin preguntas, sin ausencias.
En cada rostro
una ansiedad desmadejada,
en cada hombre sometido
un temor oculto
que nada desvanece.
Los dioses del dinero
quemaron sus sueños,
sus veleros.
Sustituyeron con encono
el escenario de la carne
por pálidos maniquíes
del desencanto.
Menguada su búsqueda
el hombre urbano
calla y compra
consume y calla
ya no exige, nada espera.
Solo por la tarde
ve morir el arcoiris
en el marco de plástico
de su buen televisor.
Las viejas virtudes
sufren insolvencia
porque una mente ajena
desde lejos
simula virtuales horizontes
y disuelve con absurdos
las agotadas conciencias.
Ya puede reventar la piel
de amargura contenida
al final, el hombre urbano
será acaso
una mancha de hiel
en la blancura.
de ASALTO A PALABRA ARMADA
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