En calidad de Dios
Cuando Dios regresó al paraíso terrenal
para verificar
el incumplimiento de sus órdenes,
Adán no pudo negar su falta.
Un trozo de manzana
atorado en su garganta,
lo puso en evidencia.
Eva, por el contrario,
no podía ser
legalmente inculpada.
Sus ojos reflejaban la más pura inocencia
y, sobre todo,
su garganta estaba perfectamente limpia.
El que todo lo sabe
supo de inmediato la verdad.
Pero para evitarse en lo sucesivo
situaciones similares
que pudieran hacerlo aparecer
como poseedor de una malicia
inconveniente de su rango,
inventó el himen.
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