Un dos tres
Cuando el hombre primero
se levantó por vez primera
sobre sus extremidades
(sobre las extremidades
que hasta ese momento
habían sido posteriores
y que desde entonces
fueron inferiores),
sus hernias sexuales
-que él no conocía-
se vieron de súbito reubicadas
en la geografía corporal
pasando desde un remoto y discreto atrás
hasta un flagrante y desvergonzado primer plano.
Y entonces fue lo que fue:
Fue en ese instante preciso
que la tal premisa
tuvo tres -aunque casi simultáneas-
sucesivas consecuencias:
Primera:
El hombre primero
advirtió de pronto
que estaba desnudo,
y que lo que hasta ese momento estuvo
naturalmente escondido
debía ser, a partir de ahora,
artificialmente tapado.
Segunda:
La mujer primera
se sintió tentada
por aquella proverbial oruga
que ya desde entonces tenía
pretensiones de serpiente.
Y tercera:
El autor del texto primero
escribió el primer mito,
si bien conservando la esencia,
modificando el orden
de los factores
para un efecto más contundente
y aleccionador.
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