Partes de guerra
Vuelve la poesía a mí
después de cada crimen
Inflamado
con las manos teñidas de sangre
corro a escribir los epitafios de mis enemigos.
Frenéticas palabras
convocadas por el temor a lo ajeno
que despierto desde mi soledad
como un legítimo acto de venganza
La poesía
como única señal de resistencia,
que calma mis rencores
como la sangre al asesino.
Conoce a tu rival.
Contempla su vida detenidamente
las historias que jamás se contarán de él
su bondad en la victoria
sus gestos en la derrota
el origen de sus virtudes
donde domesticó sus fuerzas
el primer látigo aleccionador.
Contempla las explosiones indóciles
de su temperamento
sus deseos inconclusos
sus odios enquistados
sus amores viscerales.
Conoce a tu rival.
Plántate frente al espejo.
Ataca.

Tus palabras no me someterán
aunque invoques los encantamientos de costumbre
y traces los sacros signos en el aire,
quizás intentes enviarme tus sumisos aliados
esas etéreas prolongaciones de tu voluntad
extensiones vivas de tu palabra.
Pero leeré antes el vuelo de las aves
me serviré de los auspicios
y te tendré a tiempo mi respuesta
te esperaré con paciencia
sin precipitarme aguardaré tus sortilegios
tus poderes entrarán en mi círculo
y en mis dominios tus artes no valdrán mucho
tus palabras no pesarán
amortiguadas por mi incrédula fe
te conjuraré una vez más
con el poder que heredé
después que arrancaste de mi pecho
el portentoso amuleto que me unía a ti.
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