Al rayo del sol
(Fragmento)Las mañanas Las antenas Los añosos eucaliptosSe ve toda la playa desierta y sucia, con la arena clara endurecida y mezclada con gris, como si le hubieran soplado ceniza, las sombrillas de palo, con sus graciosos bonetes de paja cosida y un mechón castaño, suelto, y al voleo. El mangrullo de los bañeros, otros palos grises enterrados sin sentido preciso alrededor, como un palacio vegetal abandonado en una isla. Los otros mástiles son caños en L que sostienen los alógenos, pintados de rojo, y aparecen detrás de la escalera de cemento amarillo municipal.
Un poco más acá, más postes amarillos y bien enfrente, justo donde el río hace la curva, una cancha de fútbol con arcos también de palo, apoyada en uno de ellos la bici roja del pescador.
Domina la cancha una torre de alta tensión, parecida a cualquiera de nosotros, sólo que en versión gigante y duro, con dos bracitos cortos, de robot, parece estar levantando un alambrado para que pasen las chicas sin rajarse el bombachudo.
Viene el tren
Se escucha el pito venir de Santa Fe.
Desde el cartódromo un motorcito
le contesta con berridos de ternero.
Vine temprano a hacer reportajes a las garzas del bañado, por eso es que estoy parado al final del terraplén, haciendo equilibrio entre las trochas, que es desde donde mejor se ve todo el terreno anegado donde antes hubieron casitas y ahora pájaros que saltan cada dos por tres como si los descorcharan desde un refugio entre las matas.
Comienza a chasquear la vía como una víbora y al otro lado del río, cruzando el puente de hierro, ya se distingue la luz del frente de la máquina, así que salto.
Decía que vine a hacer reportajes a las garzas blancas y a las vacas locas, ahora que junio campea una mini primavera en este invierno.
Ya está viniendo el tren, y mientras dure su pasar no voy a ver las verticales rasas de la cinacina y de las pajas, incluso el ras cortito de esos patos marrones, las puntitas de las alas amarillas y los picos naranjados.
El último vagón es una chatarra roja, toda arruinada, como a balazos, donde van dos mozos de blanco que me saludan con las manos en alto.
Vuelvo a ver las vacas y los patos, la cinacina y la paja y ese ojo de agua como de mercurio meado.
El bañado.
Esta es la viga del presente Por el terraplén viene el viejo ese, loco, que pelea con el perro Se sienta en una piedra y empieza a enterrarse la mano tembleque con arena. Los arcos de las garzas son parapentes de gasa remontando atrás de él. Se incrementan las chapitas de los píos de los bichos al traspasar los rieles grises, de hielo. Y aparecen estos tres, flacos cazadores de fija y honda, toda la facha arrebatada, zapatillas coloradas, buzos de tela avión, briznas de pasto imantadas a la fibra de los cuellos polar. Se comen las garzas. Saltando en los rieles parecen notas en un pentagrama. La otra vez, con los perros, cazamos una banda. Rewinnnn Tres perros de esquina Dos caballos sueltos Un perro solo, de puerta, Otros ladradores, invisibles Castañuelas.