Bacantes prisioneras
Las uvas se muelen un vino sin claros. Gotean sus verbos sobre los pasillos. Sobran las balanzas. No importan los granos que se van perdiendo solos despegados caídos al suelo como huesos blandos desarticulados entre las entrañas azules de lámparas y el estante verde de ternuras claras. Explica el maestre: “frutos y verdores para los licuados” Responde la peste: “es la podredumbre de lo que ha sobrado”.