Bacantes prisioneras

Las uvas se muelen un vino sin claros.
Gotean sus verbos sobre los pasillos.
Sobran las balanzas.
No importan los
granos que se van perdiendo
solos
despegados
caídos al suelo
como huesos blandos
desarticulados
entre las entrañas azules de lámparas
y el estante verde
de ternuras claras.
Explica el maestre:
“frutos y verdores
para los licuados”
Responde la peste:
“es la podredumbre
de lo que ha sobrado”.