Clímax para los corderos

Trasegaron los campos
por lanas a los cuerpos,
la blancura de azúcar,
la mirada cortada
entre azul de frontera y amarillo delirio.
Fueron la hoguera blanca que sepulta la sombra.
En los ojos la tierra
ardió con la ignorancia de una niña vendida.
Es el modo animal de este suelo.
Aquí, morder el paso.  Allá, sorber rocío.
Encrespar el alambre y recorrer el cerco.
Después, acariciar
con sangre los cuchillos.
Ahora
arrebañados
tiernos costillares, asomos nacarados
de huesos en la funda de carne
sobre el relumbre ardiente
del acero y la brasa
devuelven cada paso a la raya.
La mano de uñas rojas y la mano velluda
seleccionan los trozos de las rejas.
Las encías de rosa
se empapan en rocío.
(Carne dentella carne,
las dos en estampida.)
¿Escuchas los balidos en todos los rediles?

De Bailarines en el mercado, edición artesanal, 2005