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Resistiendo la gloria
releo a Juan L.
sentado como si fumara
el tabaco más dulce,
y su ceniza es el espacio
conformado en el vacío
en donde el tiempo
es una mano cálida
y la frase un humo celeste
que se va hacia arriba
buscando orillas y márgenes,
chapaleando aguas marrones
sin fronteras:
materia pura,
células inquietas
que encuentran enredaderas
donde la gente
es el vaivén del río,
el barro ñaú,
la piedra cortada
por el golpear del agua
y la vida un cantar
más cierto que esta razón,
más infinito que el futuro,
porque este tiempo
no es más que un capricho
de lo eterno.