El ovillo

Desde la mitad,
vino un ovillo a la orilla
grande como una casa como el mismo río
vino porque de este otro lado hay ruido
porque está lo tuyo porque está lo mío.
El hilo es para coser las bocas y los libros
mi boca, mi libro.

En esta siesta otoñal
árboles en ronda flamean.

Humo del cigarrillo, aureolas
acá no pasa naranja, no hay pique
se dice uno a sí mismo
cómo me gustaría ver todo esto desde un avión
pero ni eso pasa.

Se oye  el tronar de las campanas
de la iglesia San Miguel
todo entra por un oído y sale por el otro
sol-mi
sol-mi.
Siempre se vuelve cansado del silencio
mi sol.

En la orilla hay una hilera de pescados podridos
sus almas andarán por ahí, entreveradas
por comer el maíz pichicateado que se cayó del barco del puerto de Diamante.
Somos pescados, morimos por la boca y tragamos agua del río.

Cosámonos las bocas de espaldas a nosotros mismos.

Al sacar tan rápido el ovillo del río se me hizo una galleta en la orilla.

¿Y los que tienen ideas nuevas, no pensadas o no antes vendidas?

Aquí nomás hay un hombre desnudo que piensa en poner las manos
dentro de sus bolsillos.

Piensa el hombre desnudo:

Hay que coser el contenido entre las letras E y O en la palabra éxito
o por lo menos saquémosle la O, así nos queda exit,
la palabra exit siempre pegada a la puerta
la puerta es lo primero que ven los que buscan la salida
el éxito es la salida.

Ayer la noche estuvo tranquila
dentro de un vaso
miraba la luz reflejaba toda una calle de tierra
a través del vidrio, algo estalló
quizás una siesta extraviada
me tomó por el revés la luz.

El día, árboles.

Detrás de los rayos de la bici
se ve una cubierta dentro de ella
un burro trepando la pared blanca.
Antes cantaba el gallo
cantaba a las 3 de la mañana
mi abuelo le dio bastante cuerda y lo comimos.

El cuello un tornillo en el aire
dando vueltas en contra de las agujas del reloj
por gallo atrasado te afeitaron en la pileta
Una gota de escupida sobre el pico
una burbuja de aire sube al cielo.

Nacho vino con un vino bajo el brazo
para festejar uno de sus dos cumpleaños
porque el Nacho cumple dos veces al año
él vive de cuidar autos a lo largo de San Martín
Entre Carbó y Villaguay.
Me contó que tiene un silbato
para que no se le escapen los bolsilludos
Nacho no sabe que escribo
nunca va a ser mi lector.

El invierno un durazno.

Ella come sentada
en las escaleras del jardín maternal
una vez miré una rata grandota
no le alcanzaba tanta sombra
pero no importa.
Lo que importa es que hay tanto
que enhebrar bajo esta sombra.

Con la luz solar
mojo apenas el hilo
el hilo penetra el hoyo
ahora dos hilos cuelgan del hoyo
el sombrero de metal con agujeros
Para que no pinches tus dedos.
Aguja pincha nomás el pulóver azul que ahora se tiñe de naranja.

 

De  La luz en las hojas - Inédito