Arenas
de punta a punta desnudos sin detener la marcha cuando los rostros se nos desdibujaban ante la mágica mitigación de las espinas no queríamos que la huella de barro nos abandonara por el sensible miedo a ser felices nadie nos enseñó estas palabras no podíamos pronunciarlas tristes entonces las enterramos a la sombra para que crecieran con la esperanza de poder entenderlas algún día más tarde y boca arriba por la correntada del río simulábamos indiferentes el desequilibrio del agua volvíamos para amar la ausencia y anhelábamos el sol de las arenas