Sin título V
Una ventana
por la que se desboca la noche;
ese gran ojo viviente
sobre el que pasan
reflejados acontecimientos;
siete y treinta:
la avenida es un hervidero
de insectos brillando
una espesura que se agiganta
un torbellino, una marejada
de miles de ojos fosforescentes;
ese oleaje se detiene,
por un instante se aminora
deja su respirar tranquilo,
conteniéndose, con él me contengo
hasta batirse nuevamente
con fuerza renovada,
me despedazo con esa nueva
contienda que arremete;
siete y treinta:
todo torna a ser vital:
de un árbol
sus millones de ojos se abren
y danzan
en el monótono compás del viento;
en el aire
millones de mariposas del polvo giran;
la humedad es un gigante
con los ojos puestos
en todas las cosas;
estoy en todo digo
y a su vez todo está en mí,
paseo estando quieto,
estas palabras pasean
al filo de la noche que se abre
sus pétalos se abren
buscando devorar lo que vendrá;
mis palabras vertidas
parecieran caer dentro de ella;
intentar precisar todo
es asistir a esa gran orgía
a la vorágine que todo lo toma,
me pierdo pienso
y al acabar el pensamiento
ya me encuentro extraviado
danzando
con el sonido
de la tarde en picada.
|