Los olvidados
Deberíamos morirnos
todos antes de nacer
El ciego, de Buñuel
maldita trama
que entre la indiferencia y el deseo
esconde a la mujer
maldito el día
que nos azota con sus horas banales
maldita ciudad
que nos priva de sus putas
implícitas y de las lícitas
maldita la metáfora
bebida espirituosa de poderosos y débiles
maldita mi cobarde adolescencia
que se abstuvo de ultrajes y violencias
maldita confusión de criaturas
la calle
maldita mi geografía corporal
incapaz de la tempestad
que pueda llenar de semen el estanque
de una diosa
maldito barrio
sin perros que despedacen a los hombres
maldito otra vez el día
que oculta el sendero de la lujuria
maldita también la noche
que nos da al mismo tiempo
el cansancio y el sueño
maldita mi alma
embrujada casa poblada por los fantasmas
inagotables de la envidia y el miedo
maldito aquel otro
que duda en matarme cuando me mira
maldita ella
que no intuye a la fiera que apacigua
o a la locura que suspende
mil veces maldita mi tierra
de leves mariguanas y portentosas pustulencias
maldito mi padre
que no me mató al tercer día de mi inocencia
maldita la luz
fulgurante escenografía de la frustración
maldito mi tiempo
post-neolíticamente complejo y anodino
maldita la flor
que no explota con su musculatura cromática
sobre mi torpor
maldita la música
que en su perfecto y redondeado aleph
me excluye
maldito el amanecer pero con todos
sus gallos pavlovianos
maldita la tarde
y sus dustas y orgullosas hormigas
maldito el poeta
de voz dulce y semen agrio
por no abarcar el infinito con la palabra
ni aplastar la carne con la mano
por no irrumpir en la obscenidad
total del verbo
maldito el criminal
maldito el loco
por no desangrar el acto
o abortar la risa
maldito al fin vos Orfeo
y tu impotencia para arrastrar a la muerte
bella o fea deslumbrante o flácida
hasta todos nosotros
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