II. Anatema
Tres cadáveres de muñecas, tres aquellas de ojos móviles y siempre azules- empaladas al
fondo de un inmenso basural, entre cajas de cartón, perros huesos, frutas podridas.
Quietud atmosférica en la periferia de una siesta sometida al calor biodegradante de febrero,
pero en sus entrañas, el zumbido diptérico, enloquecedor.
" Veo veo ¿Qué ves? Una cosa ¿Qué es? "
Y tan cerca, sin embargo, tan lejos de las realidades cotidianas del mundito aséptico y neurotísico, de clínicas, oficinas, consultorios, lave-raps o livingrooms con el aire perfectamente acondicionado, asciende el vapor intoxicado de un nuevo horizonte.
En ese estado de cosas, no cabe otra que el zumbido de las moscas, que ya ni siquiera se puede afirmar con exactitud si es enloquecedor o qué. Es nomás. Y tal como es, no dejará ser. Salvo por el vaho de calor infecto de mierda, de perros huesos o frutas podridas, que desde hace tiempo preludia al aguacero y a esos ojos de loca.
Aparición maculada en imagen blasfematoria de la salud pública y el bienestar social.
Implacable victimaria de la piel lunada, estigmatizada con enormes cráteres supurantes -como ojetes o vaginas incontinentes-. Orgía encarnada en ese cuerpo, que al mover obscenamente sus largas extremidades en danza descerebrada, parecería absorber toda la libido genital del mundo y convertirse en la matriz de un inmenso agujero negro existencial o vaya uno a saber en que.
Mas, no quiera el destino que ese baile rito-demencial te seduzca lo recóndito, con miradas, zumbidos, suspiros y secreciones, pues cantada estará tu suerte, como -(a) según las Necronológicas " -cantaban las niñas sirenas, chapoteando en piletas de lona, o jugando en las calcinadas veredas del Barrio Obrero hacia mil novecientos setenta y tantos : "Veo veo ¿Qué ves? Una cosa ¿Qué es? Una cosa........¡Ma-ra-vi-llo-sa!"