Fe de erratas (mi semejante, mi hermano, y otras invocaciones)
Tú, pálido lector de larga oreja si no ojera profesional, príncipe en su tarde libre, o esclavo de promedio masivo y típica desviación estándar, aquí se encarna, frente a su chimenea mental, complacido en que reconocerá públicamente círculo de elegidos o amigos de su barrio que te lee, que confía en tus intentos de mago sin conejos aptos, o imprudente magia excesiva para auditorio sin sombreros, consuelo de media suela, y te perdona tus deslices, desbarrancos, obvia con delicadeza tus limitaciones, el precio de la época, la próxima vez ha de votar por otros que incluyan en su discurso bellas palabras tontas que favorezcan tu oficio y tus ideas, pobres ingenuos los dos