En 1960, la antología Nueva poesía Norteamericana de Donald Allen, publicada por Grove Press, expuso la poesía Beat, de la escuela de Black Mountain y de la primera generación de la Escuela de Poetas de Nueva York. Este libro se ha convertido en uno de los que ha ejercido mayor influencia en la historia reciente de la literatura norteamericana. Hace su aparición en escena en momentos en que la poesía en los Estados Unidos de América se hallaba controlada por los poetas académicos. Debemos recordar que en los años sesenta se consideraba académico a aquellos poetas cuya obra fuera apreciada y difundida por los profesores universitarios.
La antología de la Nueva poesía norteamericana, instaló definitivamente una nueva visión de la literatura, una preocupada por las condiciones de producción, una mirada que rechaza la imagen convencional dedicada exclusivamente entonces a reflejar las carreras literarias de aquellos poetas que languidecían y se marchitaban en la búsqueda constante de discípulos.
Algunos poetas se transformaron en profesores y destruyeron sus capacidades creativas tratando de ser ambas cosas a la vez. Los poetas-profesores no desaparecieron, se encarnaron en profesores-poetas . Viven explicándose a sí mismos. Sostienen que todo ha empeorado desde los días de los dioses: Pound, Eliot. Principalmente Eliot.
Ellos hacen una lectura sumamente prolija del actual panorama poético. Están, se podría decir, perfectamente equivocados porque ignoran una serie de hechos que afectan la creación poética: cientos de poetas que ya no suspiran frente a T.S. Eliot; el surrealismo; la política; la canción; las lecturas multitudinarias de poesía; las minorías étnicas; el experimentalismo; la popularidad de la poesía; en una época en la que se sostiene no existe una cultura; una corriente poética que nace de Whitman, Pound y se expande hacia el futuro asimilando la poesía indígena y las influencias multiculturales a la literatura de ese país.
En los sesenta, diferencias que eran muy claras en la década anterior comenzaron a diluirse. El hecho de confundir extremismo político con radicalismo estético erosionó el debate profundo acerca de la creación poética y la actitud frente al lector. Las universidades comenzaron a contratar poetas con títulos universitarios para dictar cursos en los talleres de escritura. Muchos de ellos comprendieron que publicando un libro al año, intercambiando críticas bibliográficas y conferencias con otros poetas del circuito universitario, podrían acceder a becas, subsidios, premios, un lugar en los medios de comunicación. El poeta ya no debía transformar al mundo. Creían que la sociedad estaba aceptando la poesía, es decir la de ellos.
Lo académico, en el sentido que se le adjudicaba al término en las décadas de los cincuenta y sesenta (rechazo por las nuevas formas), modifica su comportamiento, se transforma en una especie de nueva informalidad, que acepta todo lo producido por los poetas del ámbito institucional, cuando esta producción obtiene el respaldo de los títulos y honores que ellos mismos se dispensan.
William Carlos Williams, el elegido para suplantar a T.S.Eliot en los talleres de escritura y seminarios universitarios, como poeta modelo; seguramente se revolcaría en su tumba si observara la superficialidad en el tratamiento de sus textos. Sin embargo el poeta como crítico de la cultura no ha desaparecido, simplemente lo han empujado a un costado.
Estos años en los que lo establecido ha logrado imponer una visión edulcorada de la poesía y los idiolectos de la crítica universitaria, no ha logrado detener la emergencia de corrientes poéticas cuya producción (a pesar de los inconvenientes de la difusión) han trascendido: la poesía gay, negra, feminista y étnica.
Los poetas que experimentan con la estrofa en prosa buscando recuperar densidad crítica y textual; los que analizan la crisis de la imaginación; los que distinguen la realidad de las ilusiones en nuestra cultura; los que se preguntan si es necesario proseguir creando imágenes o simplemente sacarlas de contexto: permanecen, habitan desolados paisajes urbanos.
Estos poetas que deben realizar su trabajo en los márgenes de la sociedad, se convirtieron en un espejo donde ésta gesticula inmoralmente. Integran esa corriente que nace en Whitman, Dickinson, Pound y Stein y se reproduce bajo la sombra del Dadá, el Zen, el surrealismo, las artes plásticas, la música negra y folklórica, la militancia política, el ecologismo, el bilingüismo y el Rock n Roll.