YO ERA UN NIÑO

Cuando mi padre falleció
ya sabía que se iba a morir,
yo era un niño.

A las seis y media de una mañana de Nisán
miró mi padre en frente suyo,
(gente vestida de blanco, de blanco)
y le dije a mi padre:
en la ventana ¡se ve la lluvia!
y todavía agregué
¿papá?
Me miró a los ojos
mientras sus manos apretaban a escondidas un reloj.
– ¡No hay para qué llorar!
Yo, lloré.
Lloré, como si tuviera frío,
siete noches seguidas,
afuera, cesó la lluvia.

Ven, basta, levántate
me dijeron.
Acariciaron mi cabello, lleno de dolor.
Sólo mi madre dijo: ¡déjenlo!
y agregó: que llore un poco el niño.