REVELACIÓN

Alguien llamó: ¡Oye!
Alguien pronunció mi nombre.
¿Qué?
¿Quién?

Elí dijo: ¡Duerme!
Elí dijo: ¡Es en vano!
Elí dijo: No existen las visiones, mi vista se apagó.

Me llaman de nuevo: ¡Escucha!
Pronuncian mi nombre otra vez.
¿Cómo poder responder? ¡Presente!

Media noche. El anciano Elí solloza en su lecho.
"Hijo mío... hijo mío".
El universo cae encima mío, como herido
a la puesta de sol, entre los restos de mis nubes.

Comprendí, el que habla es el Señor.
Vendrá en un torbellino y besará nuestras heridas.
Elí está muy viejo. Sus hijos, unos malvados
y yo, todavía muchacho.

El universo ruge y canta de dolor
y en el rojo horizonte,
un dedo como rayo me llama.

Manda, Señor: ¡Tu siervo escucha!