CONFESIÓN
Mi abrigo simple y el farol sobre el puente, noche otoñal y húmedos mis labios por la lluvia, así me viste por vez primera, ¿recuerdas? y fue para mí más claro que dos más dos, que seré para ti como el pan y el agua y como el pan y el agua a mí volverás. En este triste asunto, cuando ceda tu enojo, más de una vez también en la mente me maldijiste, y mis fríos hombros temblaron de alegría; porque era para mí más claro que dos más dos que por mí te llevarían esposado y aún así mi corazón no te abandonaría. Sí, no estuvo bien, fue el colmo de los males. Mas recuerda nuestros encuentros en la noche, y si nuevamente ocurriera no sería diferente, sólo ese pobre y agitado amor, con ese mismo abrigo y el mismo botón de rosa, con esa misma y sencilla ropa, si nuevamente ocurriera, no sería diferente, así sería, sin cambiarle una letra, así. Celé de ti y en la oscuridad te espié, te odié y hasta las lágrimas amé y nuestra casa vacía de voz y risa; y cuando a casa volvías adolorido como un perro, a mí, por mil lanzabas, los ajenos improperios y así sabía que en mí, de lejos, pensabas y esa noche, cuando cerraste la puerta y te fuiste para no volver y en mi seno un niño, se apagó sólo la luz de mis ojos, mas mi corazón no flaqueó, porque era para mí más claro que dos más dos que todavía volverías a mí y de rodillas te postrarías y yo, te miraría y diría: Sí, no estuvo bien, fue el colmo de los males, pero qué bien que esa noche que nos encontramos, si nuevamente ocurriera, no sería diferente, sólo ese pobre y agitado amor, con ese mismo abrigo y el mismo botón de rosa, con esa misma sencilla ropa, si nuevamente ocurriera, no sería diferente, así sería sin cambiarle una letra, así. Sabía que no tendría más amor que tú y sabía, que la muerte, de tus manos llegaría y yo espero su resplandor de improviso llegaría, como el hacha al árbol del bosque, o vendrá lentamente, como pesares y dolor, mas, no de un extraño llegaría de tus manos vendría. Y entonces, a tu casa, día de duelo y de pobreza, en sueños tomaría, tonta de mí, y diría: regreso de vagar por mis senderos, porque era para mí más claro que dos más dos, que a tu casa llegaría cuando cerraras los ojos hasta que te trajeran a mí. Sí, no estuvo bien, fue el colmo de los males, mas pongo por testigo al Dios de los destinos, si nuevamente ocurriera no sería diferente, sólo ese pobre y agitado amor, con ese mismo abrigo y el mismo botón de rosa, con esa misma sencilla ropa, si nuevamente ocurriera no sería diferente, así sería, sin cambiarle una letra, así.