LA CAMISA DEL HOMBRE DE LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

No le envidiaron sus hermanos
la camisa a rayas,
con la que los vistieron también a ellos
cuando los bajaron del tren.

Ni los sueños interpretó,
ni de sus haces se levantó,
ni nadie un cordero inmoló
para manchársela de sangre.

A sus progenitores no conoció,
ya que fueron múltiples sus descendientes.
Sólo murmuró: malas bestias...
y nos los volvió a ver.