DON QUIJOTE

Cansado de sueños y guerras
se levantó un día Don Quijote
y se observó al espejo:
su cabeza se cambió con la de Sancho Panza.
Un jumento gris está parado a la puerta. Lo montó.
Sus largas y magras piernas se arrastran sobre la tierra.
Cabalgó. Cabalgó. Toda la distancia al reino del gran silencio y 
                                                /el sol. 
En su carne como garras de águila. Espinas clavan sus ojos. Él 
                                                /los cierra 
lentamente hacia el sueño. Por primera vez después de muchos 
                                                /años le viene 
un sueño vacío. Sin eco, mudo. En entresueño cabalga.
A la luz de una ventana abierta descubre a Dulcinea
y se cubre el rostro. El sol se pone. Cae la noche.
Las sombras se le abalanzan con filo de bayonetas.
Una vieja llama le enciende el corazón, pide acometer los 
                                    /molinos de viento, 
la cabeza de Sancho lo inmoviliza con presteza:
¡Calma, querido, tranquilo!
El aroma del pesebre apresura al burro. Su brazo abandona
                                                /la fusta. 
Cabalgaron sin decir palabra:
la cabeza de Sancho y el corazón de Don Quijote.