Acontecerá al final de los tiempos
que el monte de la casa del Señor
será fijado como la cabeza de los montes,
por encima de las colinas
y a él confluirán los pueblos, 
acudirán las naciones y dirán:
"¡Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob!"

El nos instruirá en sus caminos
y nosotros seguiremos sus senderos;
porque de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalem la Palabra del Señor.
Juzgará entre los diferentes pueblos 
y corregirá a las naciones poderosas,
por doquier.

De las espadas forjarán azadones 
y de sus lanzas harán podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo
ni se adiestrarán más para la guerra.
Cada uno se sentará bajo su parra
y su higuera sin sobresaltos;
porque así lo ha dicho el Señor de los Ejércitos: 
Todos los pueblos caminarán invocando a sus Dioses 
y nosotros marcharemos con el nombre del Señor, 
Nuestro Dios
por siempre jamás.

Miqueas 4; 1-5