Acontecerá al final de los tiempos que el monte de la casa del Señor será fijado como la cabeza de los montes, por encima de las colinas y a él confluirán los pueblos, acudirán las naciones y dirán: "¡Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob!" El nos instruirá en sus caminos y nosotros seguiremos sus senderos; porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalem la Palabra del Señor. Juzgará entre los diferentes pueblos y corregirá a las naciones poderosas, por doquier. De las espadas forjarán azadones y de sus lanzas harán podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo ni se adiestrarán más para la guerra. Cada uno se sentará bajo su parra y su higuera sin sobresaltos; porque así lo ha dicho el Señor de los Ejércitos: Todos los pueblos caminarán invocando a sus Dioses y nosotros marcharemos con el nombre del Señor, Nuestro Dios por siempre jamás. Miqueas 4; 1-5