DE BUEN ESPÍRITU

Cuando alguien se queda solo en su cuarto 
¿qué sabe de él la gente de afuera?
Tal vez haya algo que susurre en sus oídos 
las veinticuatro horas del día,
y gente que no comprenda
cuán difícil es el día para ellos.
El día no brilla como debiera,
el sol tiene rostro de disco machacado
y hay gente que no comprende
cuán feo es un disco machacado.

Hace ya veinticinco años
que hubo en el mundo una guerra sangrienta. 
En el montón de casas destruidas
hubo gente cuyo corazón se expandió.
El que se queda solo sentado en su pieza 
atisba hacia el sol machacado
y comienza a pensar en cosas prodigiosas.

Es como volar con el buen espíritu.
Hay quienes vuelan sin necesitar
siquiera de un buen espíritu.
Ramas de pino cuelgan en su mejilla.
Ellos vuelan con labios abiertos y húmedos. 
Sin querer y de pronto, besa sus labios
el polvo de una nube o un corpúsculo volador. 
Sus ojos están brillantes y llenos de lágrimas 
a la vista del maravilloso celeste.
Si choca su cuerpo con un ente celestial,
no lo toca para mal.

Volar significa que las capas de aire
te transportan como si fuera el amor.
Tú vuelas y al descender
te espera la sorpresa.
Hay quienes vuelan en el buen espíritu 
y de pronto se mueren antes de tiempo.