LA ÚLTIMA PLEGARIA DE SAÚL

Señor, como la bestia en el surco,
entre las piedras, estuve firme,
con el yugo sobre mi cerviz callé.
Mi silencio fue mi perdición.

Estoy cansado, y tú arrancas de mis hombros
el manto real y al final del surco está
enterrado en púrpura tu ejército aniquilado.
¡Ah! Señor, sublime, despótico,
que te abates sobre mi alma
como la lluvia sobre el campo,
los frutos están a tus pies.
Amén.