MAESTRO
Ya me reconcilié con los restos de mi pueblo, mas con los pequeños remanentes del pueblo mío /no me he reconciliado todavía. Día a día enseño a los treinta alumnos de mi clase y sus sesenta ojos ven en mí diariamente a un Todopoderoso, y sus sesenta manitas, como si se apoyaran en mí y sus sesenta piernecitas corren cuando grito ¡A la fila, niños! Por eso, me parece, cada día que no sesenta sino sesenta miríadas de otros ojos de aquellos que no pude socorrer están frente a mí. Sesenta miríadas de piernecitas, que no pueden correr cuando grito "¡A la fila, niños!" Y son otras sesenta miríadas de manitas, magras y quemadas que indican pidiéndome el uso de la palabra