TU CASA
Tu casa guardé para mí. Ella no será visitada por los fantasmas como la luz que alumbra mi noche, una de las tantas frías y apagadas. Tu casa guardé para mí, sólo para mí, ya que tiene la puerta donde me hallé a mí mismo. Entre tus brazos anduve un día entero. Mi nombre colocaste sobre un corazón de piedra, en mi espalda grabaste la sonrisa de los sabios y en mis ojos la sorda ciudad doliente, y sobre mi cabeza nubes extraviadas con cielos vacíos de Dios. Uno a uno callaron los temores, una a una cayeron las flores de la mentira y yo anduve harapiento, cargando mi vida en mi mandíbula gastada, con las palabras tenebrosas de la jaula y el corazón dormido que comprendió y maduró.