DESFILE DE LOS CAÍDOS
Ellos vienen de los montes, de la Costa, del desierto. Ellos vienen nombres, ojos, caras ubicándose para el desfile. Ellos vienen con paso firme, fuertes y tostados. Ellos salen de aviones destruidos y tanques quemados. Ellos se alzan tras las rocas, las dunas y las trincheras, valientes como leones, osados como tigres y ágiles como águilas. Ellos pasan uno a uno entre dos filas de ángeles que les ofrecen bombones y les cuelgan diademas. Yo los miro y todos están contentos. Esos son mis hermanos, mis hermanos. Y hay entre ellos ojos negros, cafés y celestes. Y ellos se llaman por sus nombres, armas y lugares y se sirven una taza de café o té y lanzan de pronto vivas de: ¡Kifak hei! y se topan con una gran cantidad de amigos y camaradas y los oficiales golpean el hombro de los soldados y los soldados le dan la mano a los oficiales y todos estallan en cantos y aplausos y los escuchan admirados los habitantes del ciclo y el encuentro dura un día y una noche y otro día porque al cielo no había llegado aún un grupo como ese, y de pronto se escuchan voces conocidas que lloran y miran hacia las casas al padre, la madre, las esposas, los hijos /y los hermanos. Sus rostros callan y ellos están perplejos, y uno de ellos murmura: perdón, pero no podíamos hacer otra /cosa. Vencimos en la batalla y ahora descansamos, ésos son mis hermanos, mis hermanos. Y así están parados y la luz en sus rostros, sólo Dios pasa entre ellos y con ojos dolientes besa sus heridas y con voz temblorosa dice a sus ángeles, ésos son mis hijos, mis hijos.