EN LA MATANZA
¡Cielos, pedid clemencia para mí! Si hay un Dios entre vosotros y un camino que ascienda a ese Dios, yo no pude hallar la senda ¡Rogad, rogad por mí! Mi corazón está muerto y no hay plegarias en mis labios, y ya el abandono y la desesperanza ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? ¡Verdugo! ¡He aquí el cuello toma, corta! Decapítame como a un perro el hacha está en tu mano. Para mí es un patíbulo la tierra. ¡Y nosotros una minoría! Mi sangre es gratuita Golpea el cráneo y brotará la sangre de tu crimen La sangre del niño y la del anciano sobre tus ropas que no se borrará para nunca jamás. Y si existe la justicia ¡Aparezca ahora mismo! Mas, si después de mi desaparición en la tierra apareciera ¡Desaparezca su trono para siempre! Y se pudran los cielos en la maldad, eternamente. Y vosotros malvados seguid con el saqueo, que vuestra sangre es la ignominia. Maldito sea quien diga: ¡venganza! Que venganza por la sangre de un niño pequeño no la inventó siquiera Satán. ¡Caiga la sangre en el abismo! Caiga la sangre hasta los abismos más tenebrosos y consuma y socave allá los órganos podridos de la tierra.