LA MUERTE DEL CIELO
El cielo ya murió. El árbol agoniza. ¿Quién sabe? Tal vez sea la piedra la única que viva. Sólo queda saber si no la matarán con toneladas de caminos en los barrios nuevos. Quién habrá de creer que tuvimos un nombre grabado en el cielo, tallado en la madera y en el centro de la piedra; y que respiramos y agonizamos en una ciudad así.