PLEGARIA

Dios, buenas noches,
soy Danny.
¡Tú me conoces!
Ya que ves
al perro ciego
y a la mosca en el muro
en su ruego.
Y yo soy Danny
y mañana voy a cumplir ocho años.

No quiero una lapicera,
ni quiero una pelota,
ni tampoco una bicicleta.
Señor en lo alto,
mi pedido es sólo uno,
que no es ninguno.
Hazme Señor, de un salto
héroe alto,
héroe sin miedo, héroe sin temor,
y en mi derecha la espada, vencedor. 
Como Matatías hacedme, 
hazme como Judá el macabeo. 
Enséñame, Señor, enséñame 
héroe ser.

Un aeroplano quiero hacer
de ciento sesenta mil toneladas -
y alas -
que se extiendan como nubes en cielo otoñal,
con balas-
y que a cada lado se abra
un cañón
con una escalera -
no una escala cualquiera,
sino una grande – grande – grande,
desde los cielos mande un cordón -
que se doble y redoble -
cuando quiera la escalera se enrolle
y se lea en ella
en lindas letras doradas -
aquí suben judíos a Eretz Israel,
con letras grandes y claras
que todo niño o niña las lea,
y por la escalera
subirán todos:
niños y niñas y mayores,
también los viejos y los ancianos,
de Alemania,
de Polonia,
de Francia
y de Rumania,
de Africa y América
y de otro lugar
cuyo nombre se me fue a olvidar.
Y en todo lugar donde viva un judío -
por la escalera subirá.
A todos
traeré
a Eretz Israel.

Concédeme sólo eso y nada más.
¿Porqué no? ¿Me lo concederás?
Eres tan, tan grande,
eres Todopoderoso
y no hay quien te mande. 
Soy Danny
en Jerusalem, en el tejado. 
Por favor,
no lo des por olvidado.