UN HOMBRE...
El hombre sigue a su perro como si siguiera a su destino, entra en el parque de la ciudad como si tuviera el alma en la palma de su mano. El perro se detiene. Así lo hace el hombre. Sólo los árboles del parque se mueven con la suave brisa. Al abrir su mano algo florece, un alma tal vez, quizás un ave.